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Economía políticaOctober 11, 2006 9:54 pm


La propaganda cubana intentando desesperada y cómicamente desentenderse de la caída de lo que, desde Cuba, llamaban el “socialismo europeo”. Segunda y tercera parte.

Economía política 7:05 pm

Lo que Michael Oakeshott (Vía Escepticismo y Libertad) entiende por racionalismo (en un vigoroso ensayo disponible online) consiste, ante todo, en la suposición de que el pensamiento humano político puede ser mejor dirigido por la elección consciente y metódica que por la tradición y la costumbre. Como enemigo del conocimiento tradicional, este racionalismo se asienta en un tipo de igualdad que reconoce la esencia unívoca de la razón humana universal, a la vez que encuentra grandes dificultades para admitir la disensión: cualquiera que utilice la razón universal, que actúe como verdadero actor racional, deberá alcanzar las mismas simples verdades autoevidentes, "sacras e innegables".

La política racionalista tiene el mismo carácter de la ingeniería. Puesto que la ideología es superior a la tradición, la sociedad humana también puede ser tratada como una tabla rasa. Voltaire sentenció que el único modo de hacer buenas leyes era quemando las leyes existentes y empezando por completo de nuevo. Y el racionalista político por excelencia, Platón, dejó esta misma idea escrita en La República (501a):

- ¿De qué manera trazarán los filósofos ese plan de que hablas?

- Mirarán al Estado –dije- y el alma de cada ciudadano como una tablilla que es preciso ante todo limpiar, lo cual no es fácil; porque los filósofos, a diferencia de los legisladores ordinarios, no querrán ocuparse de dictar leyes a un Estado o a un individuo si no los han recibido puros y limpios, o si los mismos filósofos no los han hecho tales.

El racionalismo político termina por patrocinar lo que Oakeshott denomina políticas de la necesidad (politics of the felt need), de la perfección y de la uniformidad. Este es el mismo principio de la utopía, que Robert Owen propuso como una suerte de "convención mundial para emancipar la raza humana de la ignorancia, la pobreza, la división, el pecado y la miseria." Al igual que en la república de los filósofos, en la utopía racionalista no hay apenas lugar para la tacha de las circunstancias:

There is no place in his scheme for a ‘best in the circumstances’, only a place for ‘the best’; because the function of reason is precisely to surmount circumstances. Of course, the Rationalist is not always a perfectionist in general, his mind governed in each occasion by a comprehensive Utopia; but invariably he is a perfectionist in detail. And from this politics of perfection springs the politics of uniformity; a scheme which does not recognize circumstance can have no place for variety.

De las dos clases generalísimas de conocimiento, el técnico y el tradicional, el racionalismo sólo reconoce el primero: la soberanía de la técnica. El conocimiento técnico depende de una formulación precisa: principios, axiomas, teoremas y escolios sólidamente encadenados dentro de un sistema de proposiciones. Por contra, el conocimiento práctico  es más bien un sistema de actos que un sistema de proposiciones. Sólo tiene lugar en el uso, como en el conocimiento prudencial de Aristóteles, o en la idea de "tacto" que desarrolla Gadamer. El arte de componer una sinfonía, una obra de teatro o pintar un cuadro no sólo descansa en una técnica, sino en el conocimiento de la tradición y la pedagogía del maestro: "El conocimiento práctico no puede ser enseñando o aprendido, sino sólo impartido y adquirido. Sólo existe en la práctica y el único modo de adquirirlo es mediante el aprendizaje con un maestro –no porque el maestro pueda enseñarlo (no puede), sino porque solo puede ser adquirido por el contacto continuo con aquel que lo está practicando perpetuamente”. 

La soberanía de la técnica no sólo desprecia el conocimiento histórico y tradicional sino que malinterpreta la verdadera condición de la ciencia, en general. El "oficio del científico", por referirnos al título de Pierre Bourdieu, no proviene tanto de un "método" cartesiano o baconiano, cuanto que de un dominio práctico (connaiseurship) que permita retroalimenar los saberes teóricos y prácticos:

La dificultad de la iniciación en cualquier práctica científica (física cuántica o sociología) procede de que hay que realizar un doble esfuerzo para dominar el saber teóricamente, pero de tal manera que dicho saber pase realmente a las prácticas, en forma de «oficio», de habilidad manual, de "ojo clínico", etcétera, y no quede en el estado de metadiscurso a propósito de las prácticas" (El oficio de científico, Pág. 76)

Michael Oakeshott, en resolución, supo identificar y diagnosticar adecuadamente el peligro de transformar la política en una rama de la ingeniería aplicada a las sociedades de personas. Su crítica del "racionalismo" no neutraliza a la razón, sino que obliga a un replanteamiento de su dominio más allá de la técnica, quizás como razón vital o razón histórica, por utilizar los términos de Ortega –si bien, como sabemos, las ciencias naturales nos vacunan hoy contra el "historicismo". La razón sin historia es superficial tanto como es despótica la historia sin razón, o la razón sin naturaleza.

Economía política 1:08 pm

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