Una de las ramas más interesantes en el estudio de la economía moderna es la neuroeconomía o economía cognitiva, que estudia las condiciones biológicas del comportamiento económico evolucionado por selección natural. De aquí que para hablar hoy de "naturaleza humana", resulte insuficiente la apelación al "derecho natural" desde la pura razón histórica o los principios formales de la praxeología -y así lo reconocen incluso algunos seguidores de la escuela austríaca.

Según Seed Magazine, un estudio de Harvard muestra que una región cerebral (la corteza prefontal dorsolateral -DLPFC-, también implicada en varios procesos importantes de razonamiento) podría ser la responsable de la tendencia humana a no aceptar los acuerdos económicos injustos.

El estudio se basó en el análisis del "juego de ultimatum" (una especie de capítulo del dilema del prisionero): el jugador uno recibe una cantidad de dinero y debe proponer una manera de dividir la suma con el otro jugador. Si el jugador dos acepta la oferta, ambos dividen el dinero del modo convenido. Si el jugador dos rechaza la oferta, ninguno de los dos recibe ninguna cantidad dinero. Es decir, el juego penaliza la ganancia económica personal a costa del castigo del otro. Los estudios previos habían indicado que el jugador dos a menudo no aceptará bajas ofertas como un modo de castigar al jugador uno. Es decir, el jugador dos castigará la división injusta de los bienes. La desigualdad vendría a ser el fermento de la disensión, como –por cierto, Platón ya "intuyó" en Las Leyes:

(…) Mas aquellos quienes como nosotros ahora, haya concedido la divinidad el fundar una ciudad de nueva planta sin que haya aún ningún género de enemistades entre unos y otros pobladores, que se convirtieran ellos mismos en causantes de enemistad por causa del reparto de la tierra y de las viviendas, ésta sería no solo una gran maldad, sino una insensatez indigna de seres humanos. (Libro V-737b)

El hecho de que, a pesar de la desventaja financiera que supone no aceptar la oferta para el jugador dos, sin embargo se resista al reparto "injusto", parece minar la suposición del egoísmo económico basado en el Actor Racional. Otros experimentos clásicos con monos rhesus mostraron que las conductas de empatía eran favorecidas sobre las (en apariencia) egoístas. Por ejemplo, si el mono rhesus A era sometido a una condicionamiento skinneriano en el que recibía una descarga eléctrica como resultado de ejecutar una acción, y más tarde contemplaba a otro mono rhesus B en disposición de ejecutar la misma acción, el mono A tendía a realizar gestos de advertencia al mono B, incluso si esto suponía un perjuicio para el mono A. En este sentido, tal vez alguna región cerebral podría estar involucrada en la búsqueda de acuerdos justos, que no dañen a los otros jugadores.

Los investigadores hallaron que los sujetos con DLPFC afectado resultaban significativamente más propensos a aceptar ofertas "injustas". A pesar de que reconocían que las ofertas eran demasiado bajas, sin embargo a menudo terminaban aceptándolas. En definitiva, la acticidad en DLPFC era suficiente para variar las elecciones económicas de la gente, lo cual desmiente estudios previos que sugerían que DLPFC actuaría de modo que la gente escogería racionalmente cualquier oferta.

El estudio es muy interesante porque no sólo implica la esencia de la conducta y la intencionalidad económica del ser humano, sino también sentimientos morales muy profundos como el orgullo o la empatía. La falta de "orgullo" podría no haber evolucionado como una estrategia evolutivamente estable, por lo que la "irracionalidad" –de no aceptar cualquier reparto económico- sería más aparente que real, y mostraría una "racionalidad" subyacente en la conducta de los seres humanos, en la medida en que ha sido formada por selección natural. Por otro lado, el estudio tampoco supone un golpe drástico al "egoísmo económico", dado que el concepto de "egoísmo" biológico y económico sólo puede ser entendido en un contexto mucho más amplio, de conductas estables a largo plazo. El jugador tratado injustamente, en un acuerdo concreto, podrá esperar sacar un mayor partido en acuerdos posteriores, precisamente gracias a que su "orgulloso" DLPFC le proporciona una capacidad mucho mayor de negociación y de "preferencia temporal". En definitiva, demuestra un "egoísmo" más sofisticado y eficaz.

La benevolencia del mono rhesus.