Las categorías, que son modos de pensar respetables cuando se trata de los peces, las sillas y las distintas variedades de cítricos, al parecer permutan en estereotipos deleznables cuando son aplicadas a las personas. Al menos, esta asunción forma parte del saber convencional sobre la psicología de las categorías que penetró en las ciencias sociales por medio de La opinión pública, señero ensayo que Walter Lippmann escribió en 1922. Según Steven Pinker, "Lippmann proponía que los conceptos que las personas corrientes tenían de los grupos sociales eran estereotipos: imágenes mentales que son incompletas, tendenciosas, insensibles a la variación y resistentes a informaciones opuestas". Concepción que, aunque ella misma tendenciosa en sus líneas maestras, ha gozado de gran predicamento en la ciencia social progresista y, a su través, en la misma cultura popular. Es evidente que la insurgencia ante el estereotipo encaja con la concepción "progresista" de una sociedad sin clases, sin categorías, una vez que se haya desvelado el verdadero escenario de su construcción social.
No es de extrañar, en consecuencia, que los progresistas de todos los partidos, deseando siempre permanecer del lado de los ángeles, hayan aprovechado el caso del profesor de historia Pablo Gutierrez Vega (de la Universidad de Sevilla), inmovilizado antes de que despegara un vuelo de Palma de Mallorca a Dortmund, para criticar la falsa filosofía del esterotipo, la "inflación del miedo" y el defecto de nuestra vetusta civilización. El caso es que el barbudo historiador, él mismo partidario de los ángeles y de los buenos salvajes (es decir, de los derechos de los "pueblos indígenas"), fué retenido unos instantes debido a las sospechas que despertó su aspecto entre algunos pasajeros impresionables. El viaje se reanudó sin ninguna incidencia posterior, pero el proprio Gutierrez ("Fui humillado y vejado públicamente delante de 100 pasajeros que dieron por buena una sospecha infundada") y muchos medios de comunicación han aprovechado la ocasión para recordarnos los terribles peligros de los estereotipos sociales y el grave trance en el que se encuentra nuestro "estados de derecho", tan pronto a arremeter contra ciudadanos indefensos con la excusa de protegerlos de daños imaginarios.
Como en la repercusión en torno a las últimas leyes aprobadas por el senado norteamericano en la guerra contra el terrorismo, nuestra "civilización" vuelve a escenificar los mismos síntomas de victimismo angélico y eurábigo. ¿Es que tenían derecho los pasajeros del vuelo a Dortumund a sentirse amenazados por un mero "estereotipo", por una simple imagen mental? Contra lo que esteblacía Lippmann, los estereotipos no suelen andar tan desencaminados. Las "imágenes mentales" y las categorías sociales no son siempre simples distorsiones de la verdad. En particular, la "imagen" de los terroristas islamistas formada por jóvenes varones musulmanes no sólo no es falsa, sino que es estrictamente descriptiva -lo que, por supuesto, no establece la norma de que todos los varones jóvenes musulmanes sean integristas a la búsqueda de la shahada. Es evidente que el programa democrático exige tratar a las personas como individuos y, frente al pesimismo de la ciencia radical, las personas de hecho suelen invalidar un estereotipo cuando poseen buena información sobre un particular. Esto es posible precisamente porque la gente no es prisionera de sus imágenes mentales, así como no somos prisioneros de nuestro lenguaje o nuestra cultura.


Toda esta cientifismacización de la sociedad progre ha generado un producto curioso: ellos son grandes taxonomistas y crueles diseccionadores de “la verdad” pero es que el asunto es gave: esas cosas sólo valen para “los otros” porque “nosotros” sabemos la verdad.
A este tipo nadie (¿existen periodistas sagaces?) le ha dicho ¿y ahora, que le parece los detenidos por el asunto Bono? porque su respuesta no habria existido: con cualquier silogismo no lo habria condenado: si por definicion son fachas se les puede hacer cualquier cosa.
La ignorancia no es perdonable: es un pecado en si mmismo y en la ignorancia está la maldad. Pro prefieren instalarse ahí, entonces deben ser apartados por el bien de todos. Mientras sigan por ahi, mal ira la cosa.
Comment by Ignacio — September 30, 2006 @ 9:00 am
Ayer leí el comentario en LGF y pensé “Este Johnson los tiene de acero inoxidable, si en España hacemos un post defendiendo -siquiera parcialmente- a los otros pasajeros del avión, nos corren a collejas de la blogosfera”. Bueno, pues espero que no sea así, aunque la hiprogresía no tiene límites. Y el que la víctima del asunto sea precisamente un defensor de los “pueblos indígenas” parece, no me lo negaréis, un truco torpe de guión de peli “con mensaje”, de las del León de Aranoa y sermoneadores de su cuerda.
Comment by Chema — September 30, 2006 @ 9:51 am
En la cotidieneidad de la vida , si pienso yo que los estereotipos mentales sobre las personas tiene un gran peso …y mas en situaciones limites donde el miedo , la supervivencia estan en juego …
Comment by peggy — September 30, 2006 @ 12:10 pm
Con el tiempo me hago “platónico” -en este punto- y también pienso que la maldad se alía con la ignorancia…Pero lo de la “cientificación” de la sociedad será una broma, Ignacio; en España tenemos una cultura científica y filosófica por los suelos. No hay más que ver el auge del fracaso escolar, de las paraciencias, del “neopaganismo”, del “neohippismo”…con académicos citando a Margaret Mead como si no fuera una tomadura de pelo, “Filósofos” que sólo han leído a Foucault y Derrida, etcétera. Aunque siempre se cita a los EE.UU como ejemplo de ignorancia científica, a cuenta de la “protestantización” de la ciencia y el creacionismo, -lo cual es cierto- me gustaría saber, en cambio, cuántas personas en España saben proporcionar una definición de “evolución” que vaya algo más allá de “Venimos del mono”.
Chema, puesto que estamos “tirados por las esquinas”, no es probable que la blogosfera se entere de nada…
Y en cuanto al barbudo historiador defensor de los pueblos indígenas, tengo para mí que lo gozó y que le mola jugar a “musulmán oprimido”. No digamos ya a partir del incidente aéreo, con sus minutos de gloria en la televisión incluídos. A partir de ahora ya puede ilustrar con una anécdota personal la cruzada occidental contra los buenos salvajes.
Comment by Eduardo — September 30, 2006 @ 1:53 pm