La conversación entre Robert Trivers y Noam Chomsky, auspiciada por Seed Magazine, no ha dejado lugar apenas para la sorpresa. Empezando por la caracterización de la gran industria y el capitalismo de masas como un sistema de mentira y opresión públicas, y terminando con la mención a Rumsfeld y Cheney como paradigmas del autoengaño. No ha faltado ni un momento en el que Trivers alude la “paranoia anticomunista”, si bien no se encuentra (¿!) incluído en la transcripción.
¿Es la política un sistema general de engaño? ¿Están obligados los individuos a autoengañarse o dejarse simplemente llevar por las autopercepciones del grupo al que pertenecen? Ortega dió una pista importante hace décadas al hablar del intrincado sistema de ideas y creencias que configuran el conocimiento humano. Los hombres se enfrentan a la realidad desde sistemas más o menos ensamblados de ideas y creencias -estas últimas sobre todo. En un mundo sobresaturado por la gran oferta de bienes y de información, los individuos (absoluta y no relativamente) “independientes” caerían bajo el peso inapelable del konsumterror. Lo que llamamos “ideologías” podrían ser memes seleccionados a través de la historia que compiten habitualmente entre sí como los alelos de un mismo gen.
No cabe esperar que los individuos y los grupos acuerden el fín de las ideologías, desde una pragmática trascendental al modo de Habermas en la que se disuelvan –como en el velo rawlsiano- las diferencias de riqueza, intelecto, carácter, religión o nacionalidad. Sin embargo, se diría que Trivers y Chomsky habitan ya en el “juicioso centro” del universalismo. Algo que tampoco sorprende, dado el persistente “meme” histórico de la izquierda en pugna -eso dicen, contra el egoísmo, los privilegios y las trampas del lenguaje. Un “lenguaje”, como el mismo Trivers subraya, que es por naturaleza una gran oportunidad para la mentira. De ahí que, desde siempre, la política y la mentira -en el fondo, la esencial imperfectibilidad darwiniana del hombre, hayan estado tan íntimamente unidas.
Aquí está la versión íntegra. Y aquí, la transcripción.
Marilyn levanta la vista de la página y sonríe. ¿Estaría leyendo a Miquel Servents?
La mentira política y el capitán Arseniev
Robert Trivers es uno de los fundadores de la moderna biología evolutiva. Sin tan siquiera haberse licenciado, publicó una serie de artículos -Altruísmo recíproco (1971), Inversión paterna (1972), y Conflicto entre padres e hijos (1974)- que cambiaron definitivamente nuestra perspectiva sobre las relaciones entre naturaleza y cultura. Irradiando esta revolución de la "tercera cultura" desde el (académicamente) sagrado centro de Harvard, y junto con el pionero de la sociobiología, E.O. Wilson, estas nuevas teorías convulsionarían por igual la Academia y el Foro de discusión política, confrontándose tanto contra el programa de la "ciencia radical", como contra la derecha religiosa. En un prólogo al Gen egoísta, de Richard Dawkins, escribía: "La teoría social darwinista nos deja entrever una simetría y una lógica subyacente en las relaciones sociales que, si las entendiéramos en toda su extensión, deberían revitalizar nuestra comprensión política y servir de base intelectual a una ciencia y una medicina de la psicología. De paso nos deberían proporcionar una comprensión más profunda de las múltiples raíces de nuestro sufrimiento".
En 1991 Trivers publicó un trabajo sobre el engaño y el autoengaño en la naturaleza. La tesis general sostenía que el engaño no sólo era una táctica habitual en casi todas las especies, sino que el auto-engaño también había evolucionado por selección natural, desde el engaño funcional e inconsciente de las especies no humanas (por ejemplo, el engaño de una especie de mariposas que imita el aspecto de otras mariposas deletéreas, para confundir a los depredadores) a nuestro engaño humano deliberado, consciente. La mentira es, hasta cierto punto, una Estrategia Evolutiva Estable, y lo es en especial la mentira de nosotros mismos: cuando somos más capaces para engañarnos, entonces es más probable que los demás sean engañados, ya que no podrán reconocer los signos de nuestros embustes. Si presento mis planes y programas como orientados al "bien común", y soy capaz de enmascarar las señales de la falsedad, es probable que tenga éxito.
Aunque Trivers, como Dawkins, está muy vinculado con la izquierda política -fué un activista de las Panteras Negras y hoy sigue aprovechando cualquier ocasión para arremeter contra los neoconservadores en la Casa Blanca (véase, por ejemplo, su intervención en el programa de TVE Redes), su neodarwinismo podría contener consecuencias inesperadas sobre la autoconcepción de la misma izquierda, del socialismo.
Si no aceptamos que exista algún "corte epistemológico" entre el marxismo y el socialismo pre-marxiano, entre Marx y los izquierdistas ricardianos, entre El Capital y los Manuscritos, si entendemos que el socialismo político es, en cualquier caso, una teoría equivocada sobre el sufrimiento humano…entonces estaremos de acuerdo en que el socialismo jamás ha dejado de representar, en todos sus partidos, una "visión utópica" de la emancipación humana -que Thomas Sowell enfrentaba con la "visión trágica", más querida entre los conservadores. En este caso, aunque la mentira pueda ser una característica biológica general, y específicamente política, también sería un propium del socialismo. Para ejercitar la racionalidad política y económica un gobernante socialista se verá obligado a mentir deliberadamente a sus gobernados, como ha ocurrido de hecho en Hungría. ¿Es que el socialismo emancipó realmente a la humanidad? ¿Tiene algún sentido hoy vincular a la izquierda con el universalismo, con la supresión de los intereses y privilegios de clase o nacionalidad? Pese a todas las evidencias, el socialismo aún continúa identificándose hoy con el optimismo utópico y expresándose a través de las bellas consignas. Aunque promete siempre afrontar la guerra contra la pobreza y terminar con la "desigualdad", en la práctica, ningún socialismo "real" ha conseguido alcanzar igualdad en la prosperidad ni terminar con los privilegios previos a la "sociedad sin clases". En España, las "bellas consignas" sobre las políticas de igualdad son compatibles con las prácticas del privilegio regional. Como explicaba Emilio J. González, en Libertad Digital:
La desnaturalización de la política económica española que está llevando a cabo Zapatero para satisfacer sus propios intereses, ambiciones y complejos llega hasta tal punto que los presupuestos están dejando de cumplir sus funciones básicas. En las economías modernas, una de las misiones fundamentales del gasto público es llevar a cabo una redistribución de la renta desde los que más tienen hacia los más desfavorecidos, ya sean personas, ya sean territorios. Pues bien, el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2007, en el capítulo de inversiones públicas en infraestructuras, hace justo lo contrario: dar más al que más tiene, esto es, Cataluña. Y lo hace, además, permitiendo que una parte del territorio se imponga a un Estado que se supone que tiene que velar por los intereses comunes del país, no dar satisfacción a intereses particulares en detrimento de los más generales o de aquellos que más lo necesitan.
Pero tampoco la desigualdad entre individuos ha mermado bajo mandato socialista. Al contrario, todos los índices advierten sobre el aumento de la pobreza relativa (unos ocho millones de pobres o lo que es lo mismo 2.150.000 hogares vivirían hoy en el umbral de la miseria). Incluso desde los medios más "izquierdistas" se reconoce el aumento general de la miseria, la prostitución, la precariedad laboral, la inmigración ilegal, la población reclusa, etcétera. Eso sí, nuestro gobierno continúa hablando de "patriotismo social".
Como Vladimir Arseniev, los socialistas de todos los partidos desencadenan tragedias con las mejores intenciones. Pero, a diferencia del capitán, a ellos no les asalta la culpa; o la disuelven en entidades abstractas como Occidente y el Capitalismo. Lo suyo es una pasión de boy-scout, el narcisismo de la buena acción, la fascinación por los regalos tan hermosos que reparten.




