Probablemente tiene razón Juán Luis Cebrián en cuestionar la unidad de la llamada "civilización" e incluso de la "civilización cristiana" -contradistinta a una "civilización hindú" o una "civilización musulmana", consideradas como formatos lógicos unívocos. La idea de "civilización" (sobre todo de "civilizaciones") no es unívoca, sino análoga -y casi equívoca:

(…) a estas alturas, resulta un dislate hablar de civilización cristiana (últimamente convertida incluso en judeo-cristiana, contra toda evidencia) o de civilización musulmana, tanto como hablar de la civilización occidental, a secas. No obstante, estos son términos de uso común en los que hemos sido aleccionados desde la escuela y cuya utilización en el debate comienza a ser casi imprescindible. (…) ¿Qué tiene que ver el pentecostalismo americano o el fundamentalismo de sus telepredicadores con la iglesia de Roma, por mucho que todos reclamen el cristianismo como patrimonio propio?

Pero entonces, ¿qué sentido tiene brindar por la "Alianza de civilizaciones"? ¿entre qué civilizaciones?:

Lo único que podemos decir ahora es que no tuvo que ser así, y que todavía podría no ser así. Ojalá (ua xa Alah) que la Alianza de Civilizaciones, impulsada por Rodríguez Zapatero y las Naciones Unidas, sirva al menos para reflexionar al respecto, escapando a la tentación, demasiado evidente, de convertirse en un elemento más de la propaganda política. 

Antes, Cebrián había embestido contra la "reconquista" en un párrafo digno de figurar en las antologías de la "historia ficción" negrolegendaria:

Sin las Cruzadas y la Inquisición, sin la insidiosa Reconquista ibérica, podríamos -¿quién sabe?- haber asistido al florecimiento de una civilización mediterránea, ecuménica y no sincretista, en la que convivieran diversos legados de la cultura grecolatina, lo mismo que conviven hoy las dos Europas, la de la cerveza y el vino, la de la mantequilla y el aceite de oliva, en una sola idea de democracia. El poder religioso, aliado con el trono, se encargó sin embargo de eliminar el pluralismo, tanto en el seno del islam como en el de la cristiandad. Los liberales de unas y otras religiones sufrieron persecución y exilio por los poderes de esta tierra 

Cebrián ignora (?) que el "liberalismo" y la filosofía islámica se hundieron prácticamente con Avicena y Averroes, pero prosiguieron evolucionando en la "civilización cristiana" -o, si se prefiere omitir el ominoso título, en el "área de difusión cristiana". Además, distingue entre "civilización", que identifica con el "progreso", y las "civilizaciones" que se configuran en torno al poder político. Como si dijéramos, la Civilización (en mayúsculas y en singular) tendría que ver con la Humanidad, mientras que las civilizaciones (minúsculas, plural) se distribuirían entre las distintas sociedades políticas e imperios, distorsionando a menudo la verdadera esencia de la Civilización.

aunque una civilización sea el conjunto de creencias y valores que conforman una comunidad, a la civilización en sí podemos definirla como el progreso a secas. Las civilizaciones, en cambio, constituyen un concepto más ambiguo e impuro: hacen referencia no sólo a los valores culturales, éticos o de cualquier otro tipo que sustentan la sociedad, sino también a sistemas o mecanismos de organización de la misma. Tienen, por eso, que ver con la cultura y la educación, pero también, y en gran medida, con el poder. 

El concepto no puede ser más vago, obscuro y confuso. Pero no sorprende viniendo de un "progresista". ¿Qué es eso del "progreso a secas"? "Progreso" es una idea que necesita parámetros: un desde dónde y un hacia dónde se progresa. Es obvio que el Islam fué percibida por sus propios agentes como un "progreso" con respecto al pasado. La "jahiliyya" era el análogo musulmán de la "barbarie", una edad marcada por la dispersión tribal que el imperio islámico pretendía haber superado mediante la ley unificadora de la Sharia o ley islámica. La cuestión es si el "progreso islámico" puede ser compatible con otros tipos de progreso. Si la Sharia es, por ejemplo, compatible con los derechos personales de las mujeres.

Como es bien sabido -o debería, el concepto moderno de "civilización" procede de la escuela "evolucionista" de la que se considera a Lewis Henry Morgan el máximo representante -y cuyas ideas fueron interpretadas y corregidas por Marx y Engels. La misma idea de "civilización" implica, ciertamente, la idea de "progreso" o "evolución": "civilización" es una evolución antropológica general en aquellas sociedades de hombres que han atravesado las fases de "salvajismo" y "barbarie"  Esta división procesual de la historia (Norbert Elias tiene otra célebre obra sobre el proceso de la civilización), en cierto modo una secularización del espíritu hegeliano, ha sido muchas veces cuestionada por quienes participan en alguna forma de relativismo cultural e histórico; Levi-Strauss: "Salvaje es el que llama a otro salvaje". También podríamos recordar a Marx, Groucho: "La humanidad, partiendo de la nada y con su sólo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria. "

¿No seremos unos "bárbaros" nosotros -posmodernos, liberales, bugueses- que nos permitimos llamar "bárbaros" a otros? ¿Acaso son el "capitalismo", la economía libre y la democracia política un exclusivo patrimonio de nuestra "civilización", tal y como sugería la tesis de la ética protestante capitalista de Max Weber? Es verdad que la "Civilización" no se puede confundir con la versión del puritanismo protestante. Y no sólo porque lo que conocemos por "capitalismo" no empezó en el mundo protestante, sino en las ciudades católicas italianas del medioevo (Rothbard). Incluso en los tiempos de Max Weber los países que más progresaban no eran los anglosajones protestantes, sino Francia e Italia -hoy mismo, naciones como Singapur, Irlanda o Letonia aventajan en el índice de libertad económica (fuente: Heritage Foundation) a la mayoría de las naciones "protestantes". Platón y Agustín no fueron menos autoritarios que Confucio o Kautiliya, y es evidente que la democracia ha tenido una pésima prensa en "Occidente" durante siglos. El "capitalismo" también se ha desarrollado ampliamente en Japón -sin olvidar el factor jugado por la victoria militar americana y su posterior "democratización", así como entre los "tigres asiáticos". Desde hace décadas, y con las debidas limitaciones, la economía libre va haciéndose paso en la "confuciana" China, desmintiendo de nuevo las tesis deterministas de Webber.

Sin embargo, también es evidente que lo que convencionalmente entendemos por "filosofía", "razón", "liberalismo" o "democracia política" encuentra arduas dificultades para abrirse paso en el mundo islámico -aunque algunos guarden legítimas esperanzas para que la situación mejore. Otra evidencia histórica es que nuestra civilización y nuestras civilizaciones son incomprensibles sin una larga lista de enfrentamientos con el Islam. Así lo recordaba Oriana Fallaci: sin el crucifijo no nos entendemos:

Sabe bien la Iglesia que sin el crucifijo los franceses nunca habrían vencido a los moros que habían llegado hasta Poitiers. Que sin el crucifijo, los españoles de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla nunca habrían reconquistado Andalucía, que los normandos nunca habrían liberado Sicilia, que el zar Iván el Grande nunca habría puesto fin a dos siglos y medio de dominación mongol en Rusia. Sabe bien que sin el crucifijo nunca habríamos roto el segundo asedio a Viena y nunca habríamos podido hacer frente a los 500.000 otomanos de Kara Mustafá (1). (Santidad, en 1683, defendiendo Viena estaban también los polacos. ¿Recuerda? Llegados de Varsovia y guiados por el heroico rey Juan Sobieski. ¿Recuerda lo que gritó Sobieski antes de la batalla? «¡Soldados, no es sólo Viena lo que tenemos que salvar! ¡Es el cristianismo, la idea de la cristiandad!». ¿Recuerda que gritaba durante la batalla? «¡Soldados, luchemos por la Virgen de Czestochowa!». Sí, sí, por la Virgen de Czestochowa. La Virgen negra de la que usted es tan devoto).

La diferencia con "cualquier tiempo pasado" la han captado muy bien Cox & Forkum: