Cinco años, y 5804 ataques terroristas depués, algunos seguimos vivos; otros, no. Vía Little Green Footballs y Disculpen las molestias.
Trampa22 tiene más datos.
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Fundamentalismo socialista en México
Por "fundamentalismo socialista" entenderemos, en adelante, la idea de que las sociedades políticas han de organizarse -por una mezcla aún sin determinar en su proporción de necesidad histórica y voluntad popular- siguiendo las líneas del socialismo político, es decir, de la socialización de los medios productivos políticos y económicos. El propio Marx consideraba que las edades previas a la llegada del comunismo ni siquiera podrían considerarse "históricas" en estricto sentido, sino preshistóricas, a lo sumo. La verdadera historia comienza con el socialismo. Las sociedades políticas "burguesas" son, en el fondo, a-sociales: estados defectuosos o "fracasados" (Chomsky dixit). Marx y sus seguidores también consideraban, en general, que el hombre era un "ser comunal", de algún modo ya inclinado hacia el socialismo -el ser social determina la conciencia- siempre que encontrara el valor y la oportunidad histórica para rasgar el "velo de Maya" de la enajenación capitalista. En la práctica -al menos desde la óptica del liberalismo político-, la "socialización" del poder oculta su oligopolio por parte de una élite partidaria (la "Nomenklatura" de la URSS, el Partido Comunista en Cuba, el Partido "Revolucionario Institucional" en México, etc) que, en cambio, se considera a sí misma única representante legítima del "todo social", como si fuera la .
Para quien quiera que entienda que la democracia es legítima solo cuando la controlan sus camaradas, y para quien entienda que la "victoria de la derecha es moralmente imposible", será también comprensible lo que está ocurriendo estos días en México. Andrés Manuel Lopez Obrador, candidato del PRD y fundamentalista socialista, continúa negándose a aceptar los resultados de las elecciones presidenciales, que declararon definitivamente vencedor a Felipe Calderón por un margen de 230 mil votos, es decir, un ajustado 0,56 por ciento. Sigue, pues, la "insurrección social pacífica", o no tanto, que busca lograr "una patria nueva, democrática y digna", lo que en la práctica significa negarse a reconocer la victoria de los conservadores -¡en continuación con casi un siglo de priísmo! Según otras informaciones, la "insurrección" no gozaría de tan buena salud como se presupone y una parte importante del pueblo mexicano podria estar dando la espalda al prometido "putsch" de Lopez Obrador. Obrador amenaza incluso con crear un "gobierno paralelo" que lo pondría a él al límite de la sedición, y al país al borde de la guerra civil.
Es obvio que lo de México tiene que ver con una lucha a muerte entre dos facciones por controlar los centros de poder de la economía mexicana, y no únicamente con el buen funcionamiento de una "democracia" herida por decenios de revolución "institucional". Pero bastaba con analizar los programas (por su retórica los conoceréis…) de los candidatos en liza para sacar algunas conclusiones elementales. Felipe Calderón, candidato del PAN, llegó a las elecciones del 2 de julio con un programa notablemente más liberal y responsable que el de AMLO. Sus propuestas (100 acciones prioritarias de gobierno) incluían el impulso de la economía libre, "competitiva y generadora de empleos", reducción de impuestos, mengua de la burocracia, refuerzo del estado de derecho, inversión complementaria a la del estado (privatización y atracción de inversiones extranjeras, sobre todo de EE.UU), etc. Por contra, el programa de AMLO (50 puntos para el orgullo nacional) contenía todos los rasgos utópicos y populistas típicos de la izquierda; la dialéctica obrerista e indigenista, la economía subsidiada, el refuerzo del estado y la democracia, las críticas a la economía liberal clásica &c. Entre los "compromisos" no había mucho más que utopismo y voluntarismo: "pagar la deuda histórica con las comunidades indígenas", "otorgar becas a todos los discapacitados pobres", "medicamentos gratuitos" y "aumentar el salario mínimo". Mientras que los perredistas miraban a los ejemplos revolucionarios de Venezuela, Bolivia y Cuba, el programa del PAN prometía reanudar las discusiones en torno a la construcción de una Comunidad de América del Norte (Alianza para la Seguridad y Prosperidad en América del Norte (ASPAN), algo intolerable para quienes hacen de la "lucha contra el imperio" el motivo político fundamental de sus vidas. Mientras que AMLO se asomaba como el candidato más próximo a la alineación bolivariana, Calderón favorecía la "reactivación del diálogo ABC (Argentina, Brasil, Chile). En resolución, la diferencia que media entre los programas de Calderón y AMLO parecía ser sobre el papel -y ahora lo parece también sobre los hechos- la misma que media entre la visión responsable y la visión utópica, la modernización y la tercermundialización.
¿A dónde va México? Algunos empiezan a alertar sobre la deriva radical "fundamentalista socialista" que puede llegar incluso a romper la unidad del PRD:
(…) Al acto moralmente aplaudible pero políticamente dañino, a la postura testimonial que “el pueblo” aplaude pero los electores rechazan, a la lógica de bloquear calles en vez de ganar elecciones, a la táctica de tomar tribunas en vez de representar ciudadanos. Mientras tanto, López Obrador dice “el costo ya lo pagamos, así que ahora hay que seguirle porque ya no es un asunto de popularidad, sino de eficacia”. ¿Pero eficacia de quién y con qué objetivo? ¿La del partido que quiere seguir gobernando o la del hombre radical que ya renunció a hacerlo? ¿La del PRD que quiere seguir manteniendo posiciones dentro del sistema, o la del revolucionario que busca tumbarlo?
En España, las noticias de México se dividen entre la posición moderada del PSOE, reflejada en los editoriales de El País, la felicitación de Zapatero al presidente electo Calderón y la llamada de Moratinos a que AMLO aceptase con "normalidad democrática" los resultados electorales, y los medios de extrema izquierda, como Rebelión o…El Catoblepas (y su vecina continuación en El Revolucionario) en su lucha eterna contra la "derecha ambiciosa y fascista".