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Derechos humanosSeptember 7, 2006 7:02 pm

Pocos ejemplos como el del psicópata aficionado al tuning automovilístico Wolfgang Priklopil secuestrando durante ocho años a la joven austríaca Natascha Kampusch (ahora, 18), ilustran mejor metáforas literarias y cinematográficas bien conocidas, como Boxing Helena, o El coleccionista (la propia afectada afirmó que su fuga fué "como una película de acción"). Pero la realidad siempre está delante, y detrás, de las ficciones. Si en la ficción cinematográgica se mutilaba y encajonaba el cuerpo de una mujer, para colmar los deseos inveterados de "dominio masculino", en la realidad extracinematográfica y extratelevisiva (que existe, aunque parezca que no), un aficionado al tuning encerraba a una niña durante casi una década para convertirla en su compañera aparente.

La emisión de una entrevista a Natascha Kampusch en la televisión austríaca ha causado gran impresión y batido récords de audiencia (más de 2.500.000 de personas en la cadena ORF). La imagen de la joven austríaca condensaba y evocaba arquetipos muy poderosos (Caperutica, Hansel y Gretel, el rapto de Europa…), de gran presencia en nuestra historia y en nuestra literatura. No es de extrañar que haya logrado arrancar a la audiencia del aburrimiento masivo.
 
Aunque la emisión de la entrevista ha dejado sin resolver muchas dudas, casi todos los medios destacan la gran fortaleza de Natascha. Ocho años de cautiverio, sometida a un adiestramiento forzoso, si bien no exento de resistencia (la propia joven narró que obligaba al secuestrador a celebrar los cumpleaños, navidades y Pascua) no han socavado su firmeza moral ("Yo era más fuerte que él") o los deseos de libertad ("Siempre pensaba en huir"). Casi una década de condicionamiento skinneriano brutal, no ha conseguido arrebatar a Natascha los sentimientos de socialidad elementales que son la base de la moralidad humana. No consiguieron encajonar la naturaleza humana; como predice la segunda ley de la genética de la conducta: el efecto de criarse en una misma familia es menor que el efecto de los genes. Y de este modo, porque no somos "tablas rasas", fué posible dar muerte al monstruo del centro del laberinto.
 

Derechos humanos 12:04 am

Earthlings es un documental ecologista radical de crítica del "especieísmo" (es decir, la suposición de que sólo la especie humana puede ser sujeto de derechos éticos), narrado por Joaquin Phoenix y estrenado en 2005. Continuación, a su manera, de las pelícuas quatsi. Con música de Moby, la película intenta despertar la conciencia de pertenencia a la tierra, "expandiendo el círculo" de la moral hasta los animales no humanos. Una buena ocasión para certificar cuál viene siendo la táctica de los movimientos llamados de "liberación animal": argumentos filosóficos "animalistas" junto con un carrusel de imágenes destinadas a impactar en los sentimientos morales de la gente. En cierto modo, una forma sofisticada de arte basura destinado a desvelar la "basura" que habitualmente los ciudadanos de las democracias satisfechas y carnívoras no suelen tener a la vista.

¿Realmente pueden tener "derechos humanos" los simios, las focas árticas, los toros…es decir, cualquier sistema vivo capaz de experimentar dolor? ¿Y por qué "discriminar" a los mosquitos o los microorganismos? Cuando comparamos los mataderos con los campos de concentración, y a los matarifes con los nazis…¿no estamos comparando a los judíos con los bueyes? ¿Acaso los activistas "animalistas" no saben, o no desean saber, que la "liberación animal" es incompatible con la emancipación humana, puesto que semajante "liberación" nos devolvería a la esclavitud de la naturaleza, cuando el ser humano era una víctima asustada de los animales numinosos? Los ecologistas animalistas recuerdan a la prohibición budista-lamaísta del consumo de carne. Afortunadamente, los habitantes del Tibet sobreviven gracias a la transgresión sistemática del tabú -es decir, gracias a la carne del Yak.

Si alguna vez has ido al Zoo, o has comido una hamburguesa, no deberías ver esta película. Vía Rebeldemule.