En otro lugar de esta bitácora ya discutimos sobre el feminismo y el antifeminismo. Allí defendí que era posible asumir los derechos civiles igualitarios sin suscribir el esquema típicamente feminista de la "lucha de clases" entre hombres y mujeres, o entre "culturas femeninas" y "culturas masculinas".

Este artículo, escrito por una bitácora amiga, me sirve de ocasión para consolidar aquellos puntos de vista. Anandryne nos refería dos noticias preocupantes sobre sendas tentativas de ley en Holanda y Australia.

en Holanda se especula con multar a las mujeres licenciadas universitarias que se dediquen a la casa y no a trabajar fuera de ella y en Australia, con que las mujeres que hayan tenido un diagnóstico prenatal que indique que van a tener un niño con problemas y decidan a pesar de ello parirlo, se van a ver desahuciadas del sistema público de salud.

Por supuesto, se trata de dos leyes que, de ser aplicadas, vulnerarían gravemente derechos individuales básicos. Pero no considero que la crítica feminista, pese a haberse incorporado al discurso habitual o "saber convencional" de los políticos y defensores de los derechos cívicos, sea la más adecuada para enfrentar la injusticia. Creo que la teoría feminista minusvalora -o simplemente ignora por completo- la cuestión de la naturaleza humana. Esto no puede ser más que un grave defecto en su descripción del mundo y, en consecuencia, en su propuesta sobre la transformación política y la reforma moral.
 
La autora del artículo arrancaba su reflexión desde un ejemplo cinematográfico, la película Boxing Helena en la que el protagonista masculino mutila el cuerpo de su compañera para ejercer un dominio absoluto sobre ella. Por descontado, es muy legítimo plantear todo tipo de reflexiones políticas o filosóficas a partir de casos tomados de la ficción, pero no habría que perder de vista que se trata de ejemplos aparentes y meras ocasiones para la discusión, no algo así como "fuentes de verdad".
 
Continuaba diciendo:

El control del cuerpo femenino ha sido siempre una obsesión masculina. Otra faceta de esta obsesión es definir la feminidad bajo sus propios deseos y parámetros e imponerla a las mujeres: las mujeres no tienen pelos en las piernas, las mujeres caminan de determinada manera, su cintura ha de medir tanto, su pelo ha de tener tal aspecto.

La afirmación de que "controlar" el cuerpo de la mujer es una "obsesión masculina" me parece abusiva antropológica e históricamente. Podría incluso considerarse bastante ofensiva para los hombres, pese a que la hiperlegitimidad del feminismo en nuestra sociedad acostumbra a "anestesiar" este tipo de sentimientos naturales entre los hombres o las mujeres no feministas.

Creo que la autora pasa por alto que la sexualidad no puede considerarse ya una mera "construcción social" o cultural -este es el presupuesto básico del feminismo, como variante sexista de la lucha de clases marxista-, y que la dialéctica entre hombres y mujeres no es únicamente social o cultural, ni se ajusta bien al esquema de lucha entre "opresores y oprimidos", sino que está enmarcada en la estructura biológica de nuestra especie, en definitiva, en nuestra propia naturaleza humana.

Este planteamiento no es naturalista en el sentido de la falacia descrita por G.E. Moore, ni deja de tener en cuenta condicionantes sociales y culturales. La afirmación de que existe una diferencia natural entre los sexos, no es imcompatible con el reconocimiento de la identidad esencial entre las personas, de la cooperación entre individuos de distinto sexo, de la necesidad de derechos civiles formalmente igualitarios, o incluso del reconocimiento de aberraciones culturales en el tratamiento de las personas, a lo largo de la historia.

Tomemos el ejemplo de la moda y la atracción sexual. En este punto los análisis feministas suelen cargar las tintas contra el condicionamiento cultural y social, y específicamente contra la "dominación masculina", por evocar el título de Pierre Bourdieu. Pero, ¿acaso se puede culpar a las personas de que existan, de hecho, marcadores biológicos sobre la belleza que permitan a algunos miembros de nuestra especie ser -o parecer- más atractivos que otros?. ¿Es que los hombres son culpables de la selección sexual? Existe algo muy parecido a una "ciencia de la belleza" universal. Victor Johnston escribió:

Cada cultura tiene su propio prototipo de belleza y constatamos que, históricamente, en todas las culturas estudiadas, la gente ha intentado cambiar su apariencia para parecer más atractivo, de manera que no es nada nuevo, simplemente que ahora se hace mejor. Podemos manipular las caras y los cuerpos mucho más que antes, pero no deja de ser parte de un viejo patrón que los humanos seguimos desde que existe la historia escrita. Siempre hemos manipulado nuestra apariencia para parecer más atractivos de lo que en realidad somos

Las estrategias de la feminidad, en sentido genérico, son prácticamente universales y no son un producto de ninguna "dominación masculina". La moda y los adornos, como explicó muy bien Rene Konig, son fenómenos universales. No faltan ni siquiera en las sociedades "holistas" más opresivas, como en el Islam. No son, en ningún caso, productos arbitrarios del capitalismo o de una fantasmagórica "cultura masculina" obsesionada patológicamente con el cuerpo femenino. La facultad de adornarse, de ir a la moda o de parecer "atractivas" no es una imposición de los hombres sobre las mujeres indefensas, sino un componente autónomo en la naturaleza femenina. Arthur Seldon, en su clásico estudio sobre el capitalismo, se refería a la elegancia innata de las mujeres y su "instinto" por la moda. Sencillamente, las mujeres de la Alemania del este preferían la moda occidental, no porque fuera una imposición masculina o capitalista, sino porque satisfacía mucho mejor sus deseos que los productos del Instituto socialista de la Moda de Berlín.

Por otra parte, si en Holanda "se especula con multar a las mujeres licenciadas universitarias que se dediquen a la casa y no a trabajar fuera de ella", ¿Qué tiene que ver esto con los "valores masculinos"? Esta afirmación es claramente sexista y parcial. ¿Acaso se da por supuesto que el valor de trabajar fuera de casa es "masculino"? Las medidas de Holanda no son producto del "machismo", sino de una mentalidad política ingenieril típicamente socialista. Más aún, es un resultado consistente con la propia doctrina feminista, por lo menos, a la manera de Simone de Beauvoir, que escribía esta profecía en 1975:

No se debería permitir a ninguna mujer que se quedara en casa para criar a sus hijos. La sociedad tendría que ser completamente distinta. Las mujeres no deberían tener esa opción, precisamente porque si existe tal opción, demasiadas mujeres la van a tomar.

El caso australiano -la decisión de impedir el nacimiento de niños malformados- es mucho más problemático, por supuesto, pero una vez más para criticarlo no hace falta abanderar el feminismo, sino defender el derecho civil igualitario, los principios políticos del republicanismo moderno y la necesidad de preservar la naturaleza humana frente a las ingenierías autoritarias y arbitrarias.

Baudelaire escribió el Elogio al maquillaje como un modo de reivindicar la autonomía femenina precisamente a través del arte del parecer. Solamente las feministas extravagantes y disparatadas se oponían a que las mujeres se maquillaran y transformaran estéticamente como consideraran oportuno. En esto, coincidían con algunos de los elementos más reaccionarios de las Iglesias.