Edward O. Wilson y otros científicos “fascistas”
Los años setenta del siglo pasado fueron malos tiempos para hablar de biología y cultura. Ya no sólo se trataba de la ciencia biológica en la Unión Soviética, fanatizada por décadas de lysenkismo; el virus marxista impregnaba también las facultades occidentales y hasta el mismo corazón del "imperio". Cuando en 1971 al psicólogo Richard Hernstein se le ocurrió plantear que las diferencias en el CI, una vez desprendidos los intereses arbitrarios de raza o parentesco, se deberían en medida creciente al talento individual, grupos de estudiantes bostonianos se arremolinaron en las aulas para "luchar contra las mentiras del profesor fascista de Harvard". A fines de esta misma década Paul Ekman mostró que una serie de muecas, tales como el ceño fruncido o la expresión de desdén, podían considerarse prácticamente universales y eran virtualmente comprendidas por todo el mundo. A Margaret Mead le faltó tiempo para calificar tales estudios como "espantosos", "escandalosos" y "una verguenza". El neurocientífico Torsten Wiesel, más tarde, fué calificado también como "fascista" después de haber demostrado que el sistema visual de los gatos estaba completo al nacer.
Pero el caso que se lleva la palma es, sin duda, el de Edward O. Wilson y la sociobiología, cuya "nueva síntesis" fué publicada en 1975. Su terrible pecado: mostrar que muchos universales antropológicos (como el sentido moral) tienen su origen en la naturaleza humana así devenida por selección natural. El antropólogo Marshal Sahlins, otro seguidor del mito del "buen salvaje" (que había conjeturado con la "edad de la abundancia" de los primeros hombres) comenzó señalando el "abuso" de la biología que comportaba la nueva disciplina. En el manifiesto "Contra la sociobiología" otro grupo de "científicos" alertó sobre la "justificación genética del status quo" que proporcionaba la sociobiología, una especie de pseudociencia peligrosa que arraigaba en una tradición de "políticas eugenésicas que condujeron a las cámaras de gas de la Alemania nazi".
En los años ochenta dos biólogos y un psicólogo, Lewontin, Rose y Kamin, escribieron un famoso libelo contra el "determinismo" y el "reduccionismo" biológico; es decir, fundamentalmente contra las ideas de Wilson y de Dawkins (el autor de El gen egoísta). Pero la idea de "reduccionismo" y "determinismo" de No está en los genes, como demuestra Steven Pinker, se construyó sobre una base de malentendidos e incluso de burdas manipulaciones. Tampoco resultaba muy creíble su alternativa: la biología dialéctica.
Esta obra, en cambio, se recibió con entusiasmo sobre todo en la parte "humanista" de la Academia. Es decir, justamente aquella más partidaria de mantener vivos el mito de la tabla rasa y del fantasma en la máquina.
En El catoblepas se publicó hace tiempo la siguiente reseña contra la sociobiología. Puede servir como botón:
(…) No pretendemos con este artículo desprestigiar la ciencia, todo lo contrario, pretendemos desenmascarar afirmaciones que pretenden revestirse con el manto legitimador del lenguaje científico para defender prejuicios ideológicos tan peligrosos como el racismo, el sexismo, la xenofobia, la eugenesia, cayendo en el fascismo más peligroso, cuyas consecuencias pudo observar la humanidad en los penosos acontecimientos que rodearon a la Alemania nazi. Por eso hemos elegido este tema, para no olvidar que debajo del lenguaje científico se esconden a veces los más horribles fantasmas, y para no olvidar que hay otra ciencia, la que pretendemos exponer también aquí, que se alza contra estas nefastas ideologías, vaya pues este trabajo con todo nuestro respeto y admiración por la biología, una de las más bellas construcciones humanas.
¿Qué otra ciencia será esa? ¿La de Lysenko y el diamat? Posteriormente la misma autora sitúa a Wilson en la tradición de Francis Galton o Paul Broca. En definitiva, en una misma línea junto con la craneología, la frenología, el "darwinismo social", el racismo, la muerte…y el fascismo. La táctica conocida.
Podemos darle vueltas y más vueltas. La realidad es que los presupuestos sociologistas de los neomarxistas, "materialistas dialécticos" y demás representantes de la izquierda, esa nefasta ideología, veían seriamente amenzada la consistencia de su propio corpus teórico-dogmático y sólo podían reaccionar atacando, incluso echando mano de los argumentos ad personam. Era necesario desacreditar la nueva disciplina conectándola con el "racismo" y el "determinismo". Era necesario denigrar a sus representantes, presentándolos como fascistas aplastagatos -similares a los del film Novecento, de Bertolucci. Bajo la crematística y el agitprop también se agazapaba una lucha entre disciplinas. Algunos sociólogos y antropólogos "humanistas" veían seriamente amenazados sus puestos por la vitalidad de una concepción que -en realidad- no negaba "autonomía" a sus categorías (sociedad, cultura, humanidad, nación, individuo, persona &c) pero sí les exigía mayor cuidado al hablar de una "construcción social -y cultural- de la realidad" situada más alla del conjunto de disposiciones biológicas y naturales.
El tiempo, sin embargo, les va dejando en evidencia, a ellos y a la "derecha religiosa". Aquí podéis ver una interesante entrevista al "fascista" de Edward O. Wilson.


Sobre un tema parecido:
http://www.alpoma.net/tecob/?p=581
Comment by martin — August 29, 2006 @ 7:29 pm