The Blank Slate, the Noble Savage, and the Ghost in the Machine (La tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma en la máquina) es el texto de una conferencia de Steven Pinker en The Tanner Lectures of Human Values. Aunque el trabajo es de 1997, dibuja muy bien los problemas básicos en la agenda de las ciencias cognitivas, que el mismo autor iba a desarrollar ampliamente en una de sus últimas publicaciones: La tabla rasa.

Pinker encuadra su obra en un proceso creciente de "unificación" de las ciencias (que Wilson llamó "consilience"). La revolución copernicana y galileana asestaron el golpe de gracia a la concepción dual del universo, dividido entre la perfección del mundo de las estrellas y la imperfección de las regiones "sublunares". Lyell mostró que la geología de la tierra no es estática y tiene, por el contrario, una historia natural extraordinaria. Harvey describió el cuerpo humano como un complejo mecanismo parecido a una máquina. Wöhler enseñó que la materia de la vida no era nada "mágico" y misterioso. Las barreras rígidas entre la biología y la cultura, la naturaleza y la sociedad, o las artes y las humanidades, empezaban a deteriorarse.

La unificación de la ciencia, la vieja idea de la mathesis universalis, es quizás una ciencia no lograda plenamente (una "ciencia que se busca", como la metafísica de Aristóteles) pero su tentativa ha animado la agenda de los científicos más prominentes. Maxwell unificó la electricidad y el magnetismo. Dobzhansky y los representantes de la "teoría sintética" de la evolución fusionaron la biología molecular, la genética y la teoría de la evolución darwiniana por selección natural. Einstein ansió encontrar el vínculo de la macro y la microfísica. Éste fué el mismo aliento que animó a Stephen Hawking, o los más modernos ponentes de la teoría de supercuerdas y de las "teorías del todo".

En los años cincuenta del siglo pasado la "revolución cognitiva" unificó en un mismo campo la psicología, la lingüistica, la ciencia computacional y la filosofía de la mente. Su programa establecía que era posible explicar la vida mental valiéndonos de términos físicos e informacionales. Dicho de manera llana: las creencias y los recuerdos son información. La teoría computacional explicaba cómo la inteligencia y la racionalidad podrían surgir a partir de procesos físicos. La hipótesis del "alma" como una substancia distinta del "cuerpo", una materia distinta que se comunicaba en el cuerpo mediante un misterioso "espiritillo" medieval o de una "glándula pineal" cartesiana, empezaba a derrumbarse definitivamente.

La neurociencia nos ayudó a comprender las bases neuronales del pensamiento, la percepción y la emoción. Francis Crick habló de la "hipótesis sorprendente" (astonishing hypothesis): "que todos los aspectos del pensamiento humano y los sentimientos son manifestaciones de la actividad psicológica del cerebro. En otras palabras, "la mente es lo que hace el cerebro, en particular, el proceso de información que realiza". 

Por su parte, la genética del comportamiento nos ayudó a comprender la importancia de las raíces genéticas de nuestra identidad y diferencia con el resto de los animales. Desde el desarrollo de la etología y de la sociobiología (Eibl-Eibsfeld, Lorentz, Wilson) los animales no son máquinas autómatas, tal como pensaron Gómez Pereira o Descartes, y en consecuencia no puede mantenerse una concepción discontinuísta entre hombres y animales.  

La psicología evolucionista se esforzó en comprender, de un modo que fuera compatible con la teoría de la evolución por selección natural, el verdadero diseño de la mente, el "reino de los fines" kantiano. Lo que llamamos "cultura humana" sería inimaginable sin los mecanismos y los algoritmos mentales que permiten distinguir a un humano de un loro -véase la hipótesis minimalista de Noam Chomsky. Cualquier proceso de aprendizaje no es independiente de la neuroanatomía y la neuropsicología humanas: "Cuando la mente aprende, un tejido mental debe cambiar de algún manera como resultado de la experiencia. El fenómeno se llama plasticidad neuronal". Las artes, las humanidades y las ciencias sociales no están situadas más allá de las facultades del cerebro humano.

Una misma cadena continua vincula las humanidades y las ciencias. Sin embargo, esta "tercera cultura"  ha sido severamente criticada tanto desde la izquierda como desde la derecha. Han sido frecuentes las acusaciones de racismo, seximo, opresión de clase &c. Tom Wolfe llegó a sentenciar: "Disculpe, pero su alma acaba de morir". Estas "nuevas ciencias" se habrían constituído en una especie de moderna religión secularizada; desde la derecha religiosa norteamericana se le llamará incluso la "ciencia sin Dios", la "religión del liberalismo". De la misma forma, una cantidad no despreciable del "progresismo" rechaza las ciencias congnitivas porque estas desbaratan completamente su prentesión de moldear al género humano según sus apriorismos (Lenin: el "nuevo hombre socialista"). En suma; la derecha las deplora porque las contempla como una amenaza a su sistema de creencias, y se refugia en el fideísmo. La izquierda, porque obstaculiza su camino hacia la planificación socialista; sólo les queda el antiguo grito de guerra: "¡fascistas!".

Frente a la tercera cultura se erigió lo que John Tobby y Leda Cosmides llamaron Modelo Standard de las Ciencias Sociales (SSSM - Standard Social Science Model. El modelo incluye tres creencias fundamenales.

En primer lugar, la doctrina de la tabla rasa. El ser humano, según John Locke, poseería una mente infinitamente plástica y modificable por el ambiente y la socialización. John B. Watson, desde el conductismo, y Margaret Mead, desde la antropología cultural, serían dos de sus más conocidos representantes.

En segundo lugar, la teoría del "buen salvaje", especialmente en la versión de Jean-Jacques Rousseau. La maldad no procede de la naturaleza humana, sino de las instituciones sociales. Un hito histórico contemporáneo de esta doctrina, según Pinker, se encontraría en la Declaración de Sevilla de 1986 en la que se intenta des-naturalizar el origen de la guerra y de la violencia humanas:

Believing that it is our responsibility to address from our particular disciplines the most dangerous and destructive activities of our species, violence and war; recognizing that science is a human cultural product which cannot be definitive or all-encompassing; and gratefully acknowledging the support of the authorities of Seville and representatives of the Spanish UNESCO (…) IT IS SCIENTIFICALLY INCORRECT to say that we have inherited a tendency to make war from our animal ancestors. Although fighting occurs widely throughout animal species, only a few cases of destructive intra-species fighting between organized groups have ever been reported among naturally living species, and none of these involve the use of tools designed to be weapons. Normal predatory feeding upon other species cannot be equated with intra-species violence. Warfare is a peculiarly human phenomenon and does not occur in other animals.

La tercera de las doctrinas que apoyan el modelo SSSM es lo que Gibert Ryle llamó "El fantasma en la máquina" (Ghost in the machine), es decir, la suposición de que el universo de sentidos, valores e ideas humanas se encuentran netamente separadas de la biología. Curiosamente, aquí los partidarios del SSSM tienden a confluir con el pensamiento religioso, y ello a pesar de que éste modelo surgió como respuesta al -mal llamado- "darwinismo social" del siglo XX: "es común para los creyentes en el Modelo Standar de la Ciencia Social invocar un "yo", un "nosotros", un "tú" o una "persona" que de algún modo flota libre de la genética, la neurobiología, o la evolución, y que puede actuar como le plazca, constreñido solo por sus circunstancias ambientales".

De acuerdo con el SSSM, no existe propiamente ninguna "naturaleza humana". Las nuevas estrategias de investigación en las ciencias cognitivas amenazan la libertad y el postulado de igualdad entre los hombres. En realidad, argumenta Pinker (y también Larry Arnhart, desde otras coordenadas) estos temores son infundados: la libertad humana tiene un arraigo biológico y específicamente darwiniano. Incluso la igualdad humana esencial posee una profunda raíz evolucionista: la recombinación sexual y la selección natural, que permite a los organismos adaptarse en su entorno, "son fuerzas homogeneizadoras, que hacen a los miembros de las especie cualitativamente iguales".

No obstante, si las ciencias cognitivas y de la evolución encuentran variaciones y desigualdades "naturales" entre los hombres. ¿Se seguiría de ello una justificación "natural" para la opresión? Obviamente, no. La igualdad básica entre el género humano no requiere de la semejanza absoluta entre hombres y mujeres, o entre distintas culturas, confesiones, etcétera. Aunque los hombres, las mujeres y las culturas no sean idénticas entre sí, esto no proporciorna ningún argumento favorable a la opresión por razón de sexo, raza o cultura. Incluso si, contra la Declaración de Sevilla, la biología y la psicología congnitiva encuentran razones naturales y genéticas para la guerra, esto no significa que la guerra esté moralmente justificada, o que no existan mecanismos naturales que precisamente prevengan del conflicto: "De hecho, el argumento más fuerte contra el totalitarismo puede ser el reconocimiento de una naturaleza humana universal; que todos los humanos tienen deseos innatos para la vida, la libertad y la persecución de la felicidad."

 

Steven Pinker