No es cierto que las mujeres estén predestinadas a la esclavitud o el misticismo. Nadie ha defendido a la civilización judeocristiana con tanta rabia y orgullo como Oriana Fallaci. Pocos hombres han defendido el objetivismo y el realismo naturalista como Ayn Rand. Menos se ha enfrentado al Islamismo con la valentía y fortaleza de Wafa Sultan, May Chidiac, Ayaan Hirsi Ali, o Nonie Darwish.

¿Es casual que en Gran Bretaña sea Melanie Phillips la que se sitúe hoy en la vanguardia de Londonistan?

A pesar de que muchos analfabetos, con rabia y sin orgullo, la consideraban "cristiano-fascista", pocas ocasiones se han tenido de ver a un político defendiendo la ciencia y la razón económica como en esta intervención de Esperanza Aguirre. Casi no sería preciso recordar que, en un momento de extrema languidez mundial frente al desastre comunista, fué Margaret Thatcher la que levantó la voz y dió la batalla de las ideas. Y ganó la batalla -junto con Ronald Reagan. No es ninguna sorpresa certificar que los mismos que por entonces intentaban ridiculizabar a los conservadores y liberales, ahora mandan mensajes de ánimo a un dictador con barbas.

Entre las víctimas del terrorismo y los acosados por ETA, en España, también destaca especialmente el ejemplo de valentía de mujeres individuales, en ocasiones muy por encima de la dignidad de los grupos que representan: Maite Pagazaurtundua, Gotzone Mora, Irene Villa, Rosa Díez, María San Gil.

Lejos de aparecer bajo el paradigma de las diosas o las vestales, de reivindicar el tentador irracionalismo del viejo matriarcalismo (por usar expresión de Andrés Ortiz-Osés), de intentar sacar algún partido extra del misterio o del sexo, o del metarrelato feminista, estas mujeres eligieron defender la verdad. Ellas son el contrajemplo de las místicas oportunistas, brujas, tarotólogas, mariófilas, femme fatales, buscadoras de gurús, visionarias e "intuitivas" del nuevo y el antiguo régimen. Si no han dejado de tener creencias, tampoco han abandonado el examen lógico puesto que conocen que el ejercicio pleno de la razón sólo atemoriza a los mentirosos.

Ejemplos para que este mundo no continúe su recto camino hacia un infierno de cobardes. 

 

Obra de Shirin Neshat