Los planteamientos sobre el "fín del trabajo", al estilo de Jeremy Rifkin, quizás sean desmesurados y utópicos, un vestigio de la utopía comunista sobre la liberación final de las "fuerzas productivas". Sin embargo, se observa un descenso en el promedio de horas empleadas en el trabajo, dentro del mundo desarrollado.

La llamada "sociedad del ocio" necesita liberar a los cuidadanos de una cantidad prudente de tiempo para que lo empleen en actividades de ocio. Claro está, un aumento en el tiempo de ocio (definido, a la manera de Dumazedier, como aquel en el cual el individuo está liberado de sus obligaciones laborales, sociales, familiares &c) no significa que este pierda su significado económico, tanto en el sentido ampliado (a la manera "austríaca") como en el circunscrito.

Si echamos un vistazo a la tabla que publican en The economist, observamos que los países del "área de influencia protestante" (Australia, EE.UU, Nueva Zelanda) continúan ocupando los primeros opuestos. Sin embargo, dos países "católicos", España e Italia, les siguen inmediatamente. Gran Bretaña, cuna del capitalismo y de la ética del trabajo, cae hasta el octavo puesto. El descenso más acusado se nota en Japón, donde las horas laborales han descendido hasta un 6.4 % desde 1994 a 2005.