BilbaoPundit

Economía políticaJuly 31, 2006 3:05 pm

Los planteamientos sobre el "fín del trabajo", al estilo de Jeremy Rifkin, quizás sean desmesurados y utópicos, un vestigio de la utopía comunista sobre la liberación final de las "fuerzas productivas". Sin embargo, se observa un descenso en el promedio de horas empleadas en el trabajo, dentro del mundo desarrollado.

La llamada "sociedad del ocio" necesita liberar a los cuidadanos de una cantidad prudente de tiempo para que lo empleen en actividades de ocio. Claro está, un aumento en el tiempo de ocio (definido, a la manera de Dumazedier, como aquel en el cual el individuo está liberado de sus obligaciones laborales, sociales, familiares &c) no significa que este pierda su significado económico, tanto en el sentido ampliado (a la manera "austríaca") como en el circunscrito.

Si echamos un vistazo a la tabla que publican en The economist, observamos que los países del "área de influencia protestante" (Australia, EE.UU, Nueva Zelanda) continúan ocupando los primeros opuestos. Sin embargo, dos países "católicos", España e Italia, les siguen inmediatamente. Gran Bretaña, cuna del capitalismo y de la ética del trabajo, cae hasta el octavo puesto. El descenso más acusado se nota en Japón, donde las horas laborales han descendido hasta un 6.4 % desde 1994 a 2005.


 

Economía política 1:03 pm
Hace tiempo que leo el blog de Antonio García Trevijano, al que el paso del tiempo y de los acontecimientos han venido dando la razón en lo fundamental. Colaboro en el Diccionario Político, obra colectiva destinada a intentar enderezar algunos políticos "tuertos" del presente. 
 

Moda & Antimodas 1:19 am

Estoy leyendo La contracultura a través de los tiempos (Anagrama, 2006), por Ken Goffman (alias R.U Sirius, uno de los últimos "gurús" de la cibercultura).

Antes que nada conviene advertir que este ensayo está escrito desde un punto de vista emic, interno a la propia contracultura, lo que significa que resulta compatible con las interpretaciones de los propios agentes contraculturales, de los participantes en la "fiesta". Este punto de vista, por supuesto, no tiene porque coincidir con lo que Pike llamaba metodología etic, categorial, propia del observador. Los autores, ellos mismos "contraculturales", valoran de entrada a la contracultura como un concepto positivo, lleno de optimismo y "maná", capaz de imprimir una suerte de movimiento "progresista" a la historia. El propio título del libro sugiere que la realidad humana posee una estructura dialéctica "a través de los tiempos". En la lucha entre cultura y contracultura, conservadurismo y progresismo cultural, se desplegaría la marcha del "espíritu" humano en su búsqueda de mayor libertad e individualidad. Creo que esta es la tesis principal de Leary y Goffman.

Aún no he decidido si el libro merece la pena. De momento, me concentraré en el prólogo que escribe Timothy Leary:

La contracultura florece donde quiera y cuando quiera que unos cuantos miembros de una sociedad eligen estilos de vida, expresiones artísticas y modos de pensar y ser que abrazan con entusiasmo el antiguo axioma de que la única constante verdadera es el cambio en sí mismo. El signo de la contracultura no es una forma o una estructura social específica, sino más bien el desvanecimiento de formas y estructuras, la deslumbrante velocidad y flexibilidad con que aparecen, mutan y se metamorfosean unas en otras y desaparecen.

Este párrafo tan heraclíteo parece evocar los movimientos autodestructivos de la moda. La única constante es el cambio. No puedes bañarte dos veces en el mismo río. La contracultura (este es un juicio etic) equipararía su estructura formal al de la moda. Pero, paradójicamente, la contracultura pretende ser la Antimoda por excelencia.

(…) En la contracultura, las estructuras sociales son espontáneas y pasajeras (…) La contracultura carece de estructura formal y de liderazgo formal (…) pero el objetivo de la contracultura es el poder de las imágenes y de la expresión artística, no la adquisición de poder político personal.

Este fragmento quizás le gustaría a Juan Manuel de Prada. La contracultura es lo que proporciona el "impulso estético" característico del hombre. ¿Los de Altamira eran estetas contraculturales? Aquí es donde aparece la segunda característica de la contacultura, emic: su carácter libertario, no organizado. En cuanto una contracultura se organiza, se legitima a sí misma y desaparece.

Me resulta llamativo especialmente el carácter en sí mismo trágico de la dialéctica contracultural: jamás puede encontrar reposo, siempre habrá alguna cultura legítima y organizada contra la que luchar. Al menos, hasta que se implante el anarquismo.