El programa de la televisión pública Informe Semanal, costeado íntegramente mediante el robo sistemático a los eufemísticamente llamados "contribuyentes", continúa con su línea revolucionaria, izquierdista y sectaria. Por otra parte, no es nada nuevo. Muchos recordarán, por poner un ejemplo, las crónicas tibiamente revolucionarias de Rosa María Calaf en sus tiempos de la corresponsalía hispanoamericana, mientras aquel socialismo guerrillero y populista hacía estragos duraderos en el continente. Hoy les ha tocado dar un repaso frentepopulista en toda regla a la especulación financiera e inmobiliaria, al así llamado "problema de la vivienda". Durante unos veinte minutos han desfilado por el programa (ingeniosamente titulado "Rebeldes sin casa") distintos "expertos" y ciudadanos culpando de todo a la "especulación" empresarial. Estas invectivas anti-liberales (en el fondo, contra la realidad, contra la sensatez, contra la razón) se acompañaron con imágenes de manifestaciones callejeras donde los activistas a menudo portaban banderas anticonstitucionales y coreaban lemas "anti-sistema". En realidad, lo que solicitaban era viviendas gratuitas: "¡Quiero vivir a costa del Estado!". Quizás la opinión que mejor sintetiza la estupidez revolucionaria corrió a cargo de una experta socióloga que espetó, más o menos lo que sigue:

La vivienda no puede ser un valor de cambio, sino un valor de uso, puesto que se trata de un bien escaso. Hay mucho con lo que comerciar, pero los productos de necesidad básica deben ser sustraídos del mercado.

Así, sin despeinarse ni perder la figura. La "socióloga experta" no explicaba cómo un producto sustraído al valor de cambio puede llegar a alcanzar un valor de uso precisamente cuando se trata de un bien escaso. ¡Pero si la economía surge precisamente de la escasez! Todos los bienes y servicios que entran a formar parte del mercado, que adquiren un "valor de cambio", son necesariamente escasos. Si fueran superabundantes, la economía sería superflua. Si las viviendas humanas surgieran por generación espontanea, o por birlibirloque, sería absurdo economizarlas. Tendrían valor de uso, pero no un valor de cambio. En realidad, lo que la socióloga analfabeta quería decir es que el "valor de cambio" de la vivienda debe pasar a control gubernamental. Es decir, que deben ser las autoridades, y no los empresarios, los encargados de imponer el precio y controlar el proceso de producción. Así se supone que se solucionará "el problema de la vivienda". Pero es que el resultado de una política económica semejante sólo puede ser el aumento de la escasez. Y de hecho esto es exactamente lo que está sucediendo en España: a mayor cantidad de "viviendas protegidas" (lo que se ve), mayor precio de las viviendas no protegidas (lo que no se ve) y, a largo plazo, mayor escasez de viviendas. El consumidor solo puede salir perdiendo, a excepción -claro está- del grupo minoritario favorecido por los planificadores políticos.

Ni una palabra sobre el papel de las autoridades públicas y de las políticas intervencionistas en "el problema de la vivienda". Ni una sola opinión, o argumentación, favorable a la liberalización del suelo. Y mezclándolo todo. Otro ciudadano aseguraba que "vivimos en un país de ladrones", y ponía como ejemplo ¡Marbella!. ¿En qué quedamos? ¿Especulación empresarial o robo a cuenta de las instituciones? 

Si alguien es capaz de encontrar la web actualizada del programa, enhorabuena, yo no he podido.