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Economía política, HispanoaméricaJuly 28, 2006 11:29 pm

Ismael Carvallo Robledo ha publicado en El Catoblepas la comunicación presentada a los XI Encuentros de Filosofía en Gijón titulada “Tesis de Gijón”, en una línea tradicional que aún “con toda proporción guardada” pretende inspirarse en otras “tesis” escritas por los ilustres izquierdistas Vladímir Ilich Uliánov, Lenin (en 1917) y Antonio Gramsci (en 1936).

Carvallo demuestra un gran “dominio práctico” (connaiseurship), por decirlo a la manera de Pierre Bourdieu, del tipo de saber académico legítimo propio del materialismo filosófico y de la llamada “escuela de Oviedo”. Se trata de un trabajo bien ordenado, erudito, legítimamente materialista y de impecable forma. Otra cosa es su contenido material, sus referencias, su capacidad para describir el mundo. Porque, contra la tesis onceava de Marx sobre Feuerbach, difícilmente ningún mundo que no haya sido correctamente analizado y descrito puede ser real y correctamente transformado.

Carvallo comienza por reconocer el caos ideológico en el que vive sumida esa cosa llamada “izquierda”. Una vez derrumbado el Imperio Soviético, la izquierda:

(…) entró en una fase crítica de confusión ideológica, política y sin duda filosófica, que tiene a «la izquierda» en la más fría lona ideológica o en la enternecedora –o vergonzosa– complacencia, por ejemplo, del Pensamiento Alicia (es decir, la izquierda como abanderada del diálogo y la tolerancia sublimes y de la Alianza de Civilizaciones en el País de las Maravillas) o del Pensamiento Viridiana (es decir, la izquierda como algo que no puede definirse políticamente por que es, ante todo, un sentimiento o una actitud de piedad frente a los otros)

Puesto que comienza por admitirse la “necesidad de una rectificación ideológica y práctica”. ¿Cómo salir entonces de este atolladero, alumbrando una nueva pragmática política socialista, materialista y de izquierdas? La respuesta, para Carvallo, sólo puede proceder de una nueva generación de izquierdas materialistas iberoaméricanas; unas izquierdas que (estas sí) serán capaces de rasgar el velo de Maya. La verdad, todo esto suena a nuevo episodio académico de "la gran mascarada" de Revel:

El núcleo central de estas Tesis de Gijón es el siguiente: la séptima generación de la izquierda habrá de ser materialista y habrá de ser Iberoamericana, considerando a Iberoamérica de un modo similar al que lo hicieron las Cortes de Cádiz respecto de España: iberoamericanos son todos aquellos que hablan Español en los dos lados del Atlántico. En otras palabras: así como la izquierda socialdemócrata nació marxista y fue pensada, fundamentalmente, en Alemán (sin perjuicio de constatar que lo que hoy queda de esta generación se ha pasado al terreno ambiguo de la indefinición política), la séptima generación nacerá, más que marxista, materialista (quedando el marxismo compendiado y rectificado en la doctrina del materialismo filosófico); además, la séptima generación de la izquierda será pensada en Español.

Esta nueva izquierda materialista propone una también nueva idea de libertad crítica con la idea “liberal” de la libertad como mera “libertad de compra”. Este punto, me parece, es fundamental y demuestra el piso movedizo en el que camina hoy cualquier crítica “de izquierdas”:

la idea sublime de Libertad por la que tantas batallas heroicas fueron fraguadas por algunas corrientes de izquierda, pueden ofrecer a la Historia Universal, a saber: la idea de Libertad como «libertad de compra» dentro una sociedad masificada de consumidores satisfechos que no se interesan, según los «incentivos» que el mercado ofrece, más que por «ser felices», tener «calidad de vida» y «vivir en paz». (La idea de “libertad” no es patrimonio de la izquierda)

Pero, ¿cuáles serían los “objetivos” de esta nueva izquierda? Según Carvallo, estos: reducir la desigualdad y la pobreza, aunque eso sí, ¡no de un modo utópico! “ya que esta es una necesidad que no se configura con relación a un futuro conocido o dibujado de antemano con criterios utópicos”. ¿Pero se nos dice realmente cómo arribar a esos objetivos de un modo “no utópico”? ¿Cómo será esa Nueva Libertad, distinta a la “Libertad de compra” propia del Imperio Anglosajón, pero indigna del Imperio Iberoamericano? ¿En qué se diferenciará de la Libertad de la izquierda utópica, de la “libertad” socialdemócrata, o aquella de los partidos liberales?.

¿Y no será que para terminar realmente con la pobreza habrá que acceder a la primero denostada “libertad de compra” que solo puede satisfacer un régimen capitalista liberal, con independecia de su etnicidad, nacionalidad o confesión religiosa? ¿Acaso hemos de seguir “las tesis de Weber” y creernos que el capitalismo es un asunto de anglosajones y protestantes?

La propuesta de Carvallo deambula entre las sombras de la más vaga y confusa indeterminación práctica y teórica. No es de extrañar que sus referencias sean incluso más literarias que políticas y económicas. Veamos en qué se fundamenta este nuevo socialismo iberoamericano no utópico en: ¡Unamuno, Bolívar, El Quijote y Carl Schmitt!:

La única manera que tenemos para ser universales, para mantener un pie en la historia universal, es en nuestra condición de iberoamericanos. Porque sólo cuando un pueblo se ha hecho homogéneo –nos dice Unamuno– y se ha constituido definitivamente, cuando ha brotado en él conciencia patria colectiva y no vive sólo por el mero instinto de vivir –esto último es de Bolívar, nos sigue diciendo Unamuno–; sólo cuando tiene ideal es cuando comprende y siente sus glorias y cuando puede irradiar al mundo su pensamiento.

Desde esta condición y no otra, es que podemos acaso encontrar, para tener algo qué decir, recordando aquí a las virtudes políticas clásicas: un modo de ser sabios, un modo de ser valerosos, un modo de ser templados, un modo de ser libres y un modo de ser justos.

Hay que empezar por negar la mayor. El rey está desnudo. No existe la “séptima generación de izquierdas iberoamericanas”, al menos en los términos bosquejados por Carvallo. La séptima generación de izquierdas iberoamericanas, socialistas y materialistas pertence al orden de las ideas, pero no al de las cosas. Así, los llamados “problemas de la séptima generación de la izquierda” habría que reducirlos a “El problema general de la existencia de la séptima generación de izquierdas iberoamericanas”. La izquierda iberoamericana realmente existente se articula en torno al “bolivarianismo” populista de Chávez, el indigeno-marxismo de Morales, el comunismo de Castro o el socialismo reformista de Lula da Silva (por cierto, ¿qué pinta Brasil en todo esto?), con las debidas diferencias de grado (no tanto de calidad); y sus contenidos reales distan mucho de ser, por todo lo dicho, “materialistas”. ¿Cómo coordinar el racionalismo político y el republicanismo con el indigenismo? ¿Cómo entender un imperio iberoamericano -¿Mercosur, ALBA?- que habla en español, ciertamente, pero también en portugués, náhuatl, guaraní o aymara, y donde sus mismos líderes reniegan constantemente de la herencia hispana? ¿Y qué decir de esto ? ¿Cómo coordinar el materialismo de la izquierda iberoamericana con su soporte al irracionalismo y la barbarie islamista?

Ciencia & Paraciencias 2:45 pm

Primero Juan Manuel de Prada y ahora…Pio Moa. Una parte significativa del "centro-derecha" español están perdiendo el rumbo y se dirige inevitablemente hacia el naugrafio intelectual. De la tibia oposición de "perfil bajo" a la manera del terrible Rajoy a uno de los últimos artículos de Pío Moa en su blog, donde se apunta a la moda del antievolucionismo que está cundiendo como una epidemia entre la derecha hispana más influenciable por el "lobby" norteamericano:

¿Hasta qué punto es científico el darwinismo? Digamos que hasta ahora ha superado bastante bien las críticas, aun si subsisten serias dudas.

Donde no hay muchas dudas es en cuanto a su aplicación a la esfera de la conducta o, más ampliamente, de la psique humana: casi todas las barbaries con pretensiones científicas, del siglo XX y ahora, se apoyan en el darwinismo. Ello no es casual. En definitiva se trata de la sustitución de los conceptos no científicos de Bien y Mal por los aparentemente más racionales y manejables de Éxito y Fracaso. Se trata de la destrucción de la moral, de la atormentadora esfera de la moral.

Publicado el 26 de julio de 2006, en la bitácora Presente y Pasado de Libertad Digital.

Quizás Pío Moa ha leído, o ha tenido noticia, del panfleto antievolucionista de Ann Coulter, Godless, the church of liberalism. Coulter intentaba "ilustrar" ahí las consecuencias inmorales del darwinismo apoyándose en una publicación de Richard Weikart, From Darwin to Hitler. Por supuesto, y como apunta Larry Arnhart, la rubia conservadora no ha leído a Weikart muy cuidadosamente, y desde luego, no ha leído ni las tapas de los libros de Charles Darwin.

Weikart insists that the connection between Darwin and Hitler shows that a Darwinian ethical naturalism must have moral cosequences (similar al "no es casual" de Moa). But he overlooks the fact that the influence of the social Darwinists on Hitler’s Nazism had little to do with any correct understanding of Darwin an Darwinian science (…) In response to my analysis of this book, Weikart now says that the title of his book is inaccurate, because it does not convey his true argument. He has said to me: "I don’t argue the kind of straightforward ‘Darwin to Hitler’ thesis that yo claim." Rather, he insists that he stated clearly in his book that "Darwinism does not lead inevitably, or of logical neccesity, to Nazism.

En Darwinian Conservatism, Conferencia en la Asociación Americana de Ciencia Política

Cualquiera que analice de buena fe los origenes del racismo en la "doctrina" nazi comprenderá que esta no solo no tiene nada que ver con el darwinismo, sino que resulta ser su antítesis. Los orígenes del nazismo se encontrarán mejor en las fuentes del idealismo alemán, con sus teorías sobre la evolución orgánica del espíritu en su despliegue a través de las razas y culturas, así como en el antisemitismo del siglo XIX e incluso en ciertas doctrinas "revolucionarias". El origen del racismo es la metafísica y la mala literatura, no la verdadera ciencia. Ha sido justamente el avance del evolucionismo en el estudio de los orígenes del hombre aquello que ha desbaratado las bases biológicas y "científicas" del racismo. Sea en las hipótesis poli o monogenistas, todas las ideas evolucionistas apuntan al parentesco elemental de todos los miembros de la especie humana.

Además, el Darwinismo popularizado por la consigna de Herbert Spencer: "La supervivencia del más fuerte" (en realidad, la supervivencia del más adaptado - The surviving of the fitest) no es una buena descripción del evolucionismo. La idea de Darwin, que ha producido tantos frutos en la ciencia biológica (hasta el punto de que Dobzhansky pudo escribir y fundamentar que "nada tiene sentido en biología excepto bajo el prisma de la evolución") no trata simplemente de una tautológica "supervivencia del fuerte", sino de la adaptación variable de los organismos a distintos entornos teniendo en cuenta las variaciones genéticas hereditarias. 

La ciencia evolucionista no proporciona ningún apoyo al racismo biológico ni puede servir como munición contra la "naturaleza humana". Entre otras cosas, porque nada en la "naturaleza humana" es ajeno a la historia de su evolución.