Ismael Carvallo Robledo ha publicado en El Catoblepas la comunicación presentada a los XI Encuentros de Filosofía en Gijón titulada “Tesis de Gijón”, en una línea tradicional que aún “con toda proporción guardada” pretende inspirarse en otras “tesis” escritas por los ilustres izquierdistas Vladímir Ilich Uliánov, Lenin (en 1917) y Antonio Gramsci (en 1936).
Carvallo demuestra un gran “dominio práctico” (connaiseurship), por decirlo a la manera de Pierre Bourdieu, del tipo de saber académico legítimo propio del materialismo filosófico y de la llamada “escuela de Oviedo”. Se trata de un trabajo bien ordenado, erudito, legítimamente materialista y de impecable forma. Otra cosa es su contenido material, sus referencias, su capacidad para describir el mundo. Porque, contra la tesis onceava de Marx sobre Feuerbach, difícilmente ningún mundo que no haya sido correctamente analizado y descrito puede ser real y correctamente transformado.
Carvallo comienza por reconocer el caos ideológico en el que vive sumida esa cosa llamada “izquierda”. Una vez derrumbado el Imperio Soviético, la izquierda:
(…) entró en una fase crítica de confusión ideológica, política y sin duda filosófica, que tiene a «la izquierda» en la más fría lona ideológica o en la enternecedora –o vergonzosa– complacencia, por ejemplo, del Pensamiento Alicia (es decir, la izquierda como abanderada del diálogo y la tolerancia sublimes y de la Alianza de Civilizaciones en el País de las Maravillas) o del Pensamiento Viridiana (es decir, la izquierda como algo que no puede definirse políticamente por que es, ante todo, un sentimiento o una actitud de piedad frente a los otros)
Puesto que comienza por admitirse la “necesidad de una rectificación ideológica y práctica”. ¿Cómo salir entonces de este atolladero, alumbrando una nueva pragmática política socialista, materialista y de izquierdas? La respuesta, para Carvallo, sólo puede proceder de una nueva generación de izquierdas materialistas iberoaméricanas; unas izquierdas que (estas sí) serán capaces de rasgar el velo de Maya. La verdad, todo esto suena a nuevo episodio académico de "la gran mascarada" de Revel:
El núcleo central de estas Tesis de Gijón es el siguiente: la séptima generación de la izquierda habrá de ser materialista y habrá de ser Iberoamericana, considerando a Iberoamérica de un modo similar al que lo hicieron las Cortes de Cádiz respecto de España: iberoamericanos son todos aquellos que hablan Español en los dos lados del Atlántico. En otras palabras: así como la izquierda socialdemócrata nació marxista y fue pensada, fundamentalmente, en Alemán (sin perjuicio de constatar que lo que hoy queda de esta generación se ha pasado al terreno ambiguo de la indefinición política), la séptima generación nacerá, más que marxista, materialista (quedando el marxismo compendiado y rectificado en la doctrina del materialismo filosófico); además, la séptima generación de la izquierda será pensada en Español.
Esta nueva izquierda materialista propone una también nueva idea de libertad crítica con la idea “liberal” de la libertad como mera “libertad de compra”. Este punto, me parece, es fundamental y demuestra el piso movedizo en el que camina hoy cualquier crítica “de izquierdas”:
la idea sublime de Libertad por la que tantas batallas heroicas fueron fraguadas por algunas corrientes de izquierda, pueden ofrecer a la Historia Universal, a saber: la idea de Libertad como «libertad de compra» dentro una sociedad masificada de consumidores satisfechos que no se interesan, según los «incentivos» que el mercado ofrece, más que por «ser felices», tener «calidad de vida» y «vivir en paz». (La idea de “libertad” no es patrimonio de la izquierda)
Pero, ¿cuáles serían los “objetivos” de esta nueva izquierda? Según Carvallo, estos: reducir la desigualdad y la pobreza, aunque eso sí, ¡no de un modo utópico! “ya que esta es una necesidad que no se configura con relación a un futuro conocido o dibujado de antemano con criterios utópicos”. ¿Pero se nos dice realmente cómo arribar a esos objetivos de un modo “no utópico”? ¿Cómo será esa Nueva Libertad, distinta a la “Libertad de compra” propia del Imperio Anglosajón, pero indigna del Imperio Iberoamericano? ¿En qué se diferenciará de la Libertad de la izquierda utópica, de la “libertad” socialdemócrata, o aquella de los partidos liberales?.
¿Y no será que para terminar realmente con la pobreza habrá que acceder a la primero denostada “libertad de compra” que solo puede satisfacer un régimen capitalista liberal, con independecia de su etnicidad, nacionalidad o confesión religiosa? ¿Acaso hemos de seguir “las tesis de Weber” y creernos que el capitalismo es un asunto de anglosajones y protestantes?
La propuesta de Carvallo deambula entre las sombras de la más vaga y confusa indeterminación práctica y teórica. No es de extrañar que sus referencias sean incluso más literarias que políticas y económicas. Veamos en qué se fundamenta este nuevo socialismo iberoamericano no utópico en: ¡Unamuno, Bolívar, El Quijote y Carl Schmitt!:
La única manera que tenemos para ser universales, para mantener un pie en la historia universal, es en nuestra condición de iberoamericanos. Porque sólo cuando un pueblo se ha hecho homogéneo –nos dice Unamuno– y se ha constituido definitivamente, cuando ha brotado en él conciencia patria colectiva y no vive sólo por el mero instinto de vivir –esto último es de Bolívar, nos sigue diciendo Unamuno–; sólo cuando tiene ideal es cuando comprende y siente sus glorias y cuando puede irradiar al mundo su pensamiento.
Desde esta condición y no otra, es que podemos acaso encontrar, para tener algo qué decir, recordando aquí a las virtudes políticas clásicas: un modo de ser sabios, un modo de ser valerosos, un modo de ser templados, un modo de ser libres y un modo de ser justos.
Hay que empezar por negar la mayor. El rey está desnudo. No existe la “séptima generación de izquierdas iberoamericanas”, al menos en los términos bosquejados por Carvallo. La séptima generación de izquierdas iberoamericanas, socialistas y materialistas pertence al orden de las ideas, pero no al de las cosas. Así, los llamados “problemas de la séptima generación de la izquierda” habría que reducirlos a “El problema general de la existencia de la séptima generación de izquierdas iberoamericanas”. La izquierda iberoamericana realmente existente se articula en torno al “bolivarianismo” populista de Chávez, el indigeno-marxismo de Morales, el comunismo de Castro o el socialismo reformista de Lula da Silva (por cierto, ¿qué pinta Brasil en todo esto?), con las debidas diferencias de grado (no tanto de calidad); y sus contenidos reales distan mucho de ser, por todo lo dicho, “materialistas”. ¿Cómo coordinar el racionalismo político y el republicanismo con el indigenismo? ¿Cómo entender un imperio iberoamericano -¿Mercosur, ALBA?- que habla en español, ciertamente, pero también en portugués, náhuatl, guaraní o aymara, y donde sus mismos líderes reniegan constantemente de la herencia hispana? ¿Y qué decir de esto ? ¿Cómo coordinar el materialismo de la izquierda iberoamericana con su soporte al irracionalismo y la barbarie islamista?

