Juan Manuel de Prada, él no es un animal
La selecta -quiero pensar- minoría que lee este blog sabe que no es un lugar para el ruido y la furia. Sin embargo, uno de los temas que más me sacan de las casillas es el de la instrumentalización del conocimiento científico por las ideologías y, en especial, por una parte de la opinión pública “religiosa”. Aunque en la católica Europa nos hemos mantenido –hasta ahora- prudentemente al margen de las falsas disputas sobre el creacionismo y la evolución, debido en parte a la moderación de las encíclicas papales y de los propios ministros eclesiales, últimamente hay que reconocer algunos signos alarmantes de decadencia.
Los ciudadanos de las “sociedades democráticas”, si es que la idea de participación en los asuntos públicos tiene algún sentido, no sólo tienen el derecho sino la obligación de poseer un razonable acceso al conocimiento científico. Por supuesto, Ann Coulter, Juan Manuel de Prada, Rappel y la “Bruja Lola” pueden continuar diciendo lo que les parezca echando mano del artículo 19 de la Declaración de los Derechos Humanos, aunque lo que “les parezca” sean locuras, mamarrachadas y delirios. Pero no pueden impedir ni esperar que sus “opiniones” sean inmediatamente puestas en evidencia y pasen a formar parte de la galería social de frikis, dobladores de cucharas, astrólogos, horoscopólogos, ufólogos, cazafantasmas, abuducidos por extraterrestes y demás trileros pseudocientíficos.
En un tema como el de la evolución humana y de los seres vivos no cabe más “libertad de conciencia” que asentir prudentemente ante los hechos y las evidencias teóricas de las que disponemos. El “teorema de la evolución”, es decir, la descendencia de los seres vivos por modificación genética y selección natural es un hecho y una teoría tan bien establecida hoy como lo está la esfericidad de la tierra o su ruta elíptica alrededor del sol. Esto no tiene nada que ver, como aprovechan los trileros del saber con saña sofista, con ningún supuesto “conservadurismo” de la comunidad científica que impida futuros progresos, debates e incluso rectificaciones. Tampoco es de rigor apelar en este caso a la “tolerancia” como virtud democrática por excelencia. De una democracia –también de una aristocracia- que “tolera” la difusión incontestada de doctrinas irracionales y delirantes sólo puede decirse que está podrida hasta la médula. Además, la ciencia no es ni puede ser en sí misma “democrática”, puesto que las verdades de la biología, de la geología o de las matemáticas no pueden decidirse por procedimientos asamblearios y de decisión popular. Una asamblea de los ciudadanos democráticos reunidos en el ágora no podría, en ningún caso, decidir “líbremente” que la tierra no gira alrededor del sol, o que la sangre no circula por el cuerpo humano. La lógica formal no es ni de izquierdas ni de derechas, patricia o plebeya. La entropía no es ni socialista ni burguesa. La evolución no es ni conservadora ni progresista.
Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970; que es el mismo personaje que le "acaricia" a la pinup en la foto) llevaba ya mucho tiempo haciendo oposiciones para convertirse en una referencia de la derecha religiosa más rancia y abyecta en España. No es de extrañar que su pedantería palanganera y su adornado analfabetismo científico haya encontrado acomodo en ABC, el pozo del conservadurismo monárquico español. Hace poco acaba de publicar en XLSemanal una verdadera apología de la desfachatez paracientífica titulada: “La firma del hombre” (subtitulada: La señal más evidente de la independencia y misteriosa singularidad del hombre es el impulso artístico).
El artículo es un pintiparado ejemplo de lo que se podría llamar “imperialismo” analfabeto de los artistas y literatos, gentes dispuestas a hablar de todo sin saber de nada y a llevarle la contraria al científico más pintado si es que sus conclusiones no concuerdan con el misticismo implícito de los "intelectuales y artistas". Pero cuestiones como el origen del arte o la evolución de la inteligencia humana, a partir de sus antecedentes homínidos (¿de cuáles si no, de los angélicos?), no pueden ser resueltas por poetastros y literatos. Sobre estos asuntos la “opinión” o la “visión del mundo” de los estetas y de los “intelectuales”, sencillamente, no cuentan nada. Goethe: “Escultor, esculpe y no hables”.
Además, la “opinión” de Prada está ya muy raída. No sólo se encuentra en “El hombre eterno” de G.K. Chesterton (muerto en 1936), sino en el paracientífico, metafísico y conocido estafador intelectual Teilhard Chardin, responsable de uno de los mayores escándalos de la paleontología gracias a la falsificación del llamado “hombre de Piltdown”. En realidad, se trata de un “argumento” habitualmente esgrimido incluso por aquellos “conservadores” que aceptan a regañadientes el darwinismo: “Será verdad que venimos del mono, pero al menos que no se entere la servidumbre”, parece que decía una dama victoriana.
Para Prada, la prueba irrefutable que niega el “continuum” del hombre con los animales es el “impulso artístico”. Prada, por supuesto, no desarrolla ninguna teoría coherente sobre el “arte”. No nos dice en qué consiste, cómo surge, cuáles son sus mecanismos. El “arte” es, al parecer, no sólo un “propium” de la especia humana, sino la mismísima antesala del misterio. Y con eso basta.
Lo que encontramos en dichas cavernas -unas pinturas rupestres realizadas no sólo por la mano del hombre, sino por la mano de un verdadero artista- rebate esas hipótesis evolucionistas que lo enmarañan y complican todo para que no podamos comprender la verdad, la sencilla y escueta verdad.
La verdad es, en cambio, muy diferente a lo que este literato trilero pretende. Lo que podríamos llamar “arte” es, en realidad, una innovación relativamente reciente en la historia de la humanidad. Es muy dudoso que lo que de Prada tiene por “arte” haya acompañado siempre a la historia del hombre. En Magonia (otro comentario ilustrativo sobre el mismo tema en Diarios de la estrellas), blog dedicado a enderezar entuertos paracientíficos, lo explican con claridad, sin ira y con estudio:
Afirmar que la existencia de las pinturas prehistóricas “rebate” el escenario de la evolución humana es no tener ni idea de lo que se habla. Las primeras pinturas rupestres son de anteayer, de hace sólo unos 40.000 años, y obra de nosotros mismos, aunque entonces no tuviérmos ni ordenadores ni santuarios marianos a los que peregrinar. Pero el arte -una obra es específicamente humano- es mucho más antiguo. Las primeras muestras que se conocen datan de hace unos 100.000 años y son unas conchas de molusco perforadas halladas en Israel y Argelia. También son obra de nuestra especie, porque el Homo sapiens apareció hace unos 200.000 años. Antes, hubo otros Homo que empezaron a fabricar herramientas hace 2 millones de años y, antes de éstos, otros homínidos más primitivos cuanto más atrás vamos en el tiempo. Nuestros orígenes se sitúan en África hace entre 6 y 7 millones de años, cuando nuestro linaje -el de los homínidos- y el del chimpancé se separaron. Así que la aparición del arte es un paso más; importante, pero un paso más en una larga historia.
El otro punto conflictivo entre Prada y la evolución es, al parecer, el “Misterio”. Según el trilero, la evolución desmiente la existencia del “misterio” en el mundo. El darwinismo fatal nos aboca al mundo desencantado de Max Weber.
Siempre me ha llamado la atención la rotundidad con que se suele negar la intervención del misterio cuando se trata de explicar el origen del hombre; pero lo cierto es que, si existe un momento en la historia del universo en que parece más que probable la intervención del misterio, es precisamente el momento en que el hombre irrumpe en el mundo.
Estas palabras suenan a las ideas del protestante Rudolf Otto sobre lo santo o lo sagrado como características esenciales de lo religioso. Otto sintetizó la experiencia de la religión en torno a la vivencia de lo numinoso en los términos de mysterium tremendum et fascinans. Estos sentimientos representarían algo así como la dimensión psicológica de la experiencia religiosa y además expresarían una ruptura de nivel que comporta lo sagrado. La misma “ruptura” que Teilhard creía ver en el “misterioso” momento de aparición de la “noosfera” humana, un episodio que nos pondría a las puertas mismas del divino “Punto Omega”.
Estos planteamientos, en cambio, ni comprenden realmente en qué consiste la evolución de los seres vivos ni tienen en absoluto en cuenta los hallazgos registrados en las ciencias del comportamiento animal (la etología, la sociobiología, la psicología cognitiva, la neurobiología &c). En cambio, nos devuelven a los tiempos y argumentos cartesianos que negaban “el alma de los brutos” y escindían radicalmente la realidad en dos mitades ontológicas difícilmente comunicables: alma y materia. Tiempos, que parecían relegados al basurero de la historia, pero que regresan hoy buscando la luz de la opinión pública.
Trampa22 tiene un post sobre este mismo tema.


Buf!
a ver
la evolución filogenética tan sólo es un continuo de desarrollo físico, hasta ahí, nada que objetar, claro, Pero mi problema es cuando dejo de llamarle animal y cuando le llamo hombre: lo tengo claro; a partir de que existe la cultura es hombre; el soporte fisico ¿hasta donde tiene que ver en la percepción del mundo, en el desarrollo del lenguaje, en la aparición de la cultura? ese es para mi el problema.
Comment by Ignacio — July 26, 2006 @ 7:12 pm
Yo es que niego la mayor. El hombre es un animal (homo), y pertenece a la familia zoológica de los primates. Claro que también es un “animal social” (como las abejas y las ovejas…) y un “animal político”; y esta sí que parece una característica más diferenciadora (a pesar de que Franz de Waal estudió la “política de los chimpancés”).
Sobre la “cultura”, el concepto es muy problemático. Para los etólogos no hay ninguna duda de que el hombre (homo sapiens sapiens) no es el único “animal cultural”. Depende de que se entienda por cultura. No sólo los primates, algunos moluscos son capaces de fabricarse proto-herramientas (tanatocrasis); y desde luego está probado que las poblaciones de primates más “avanzados” (chimpancés, gorilas, bonobos) desarrollan conductas “culturales”.
El lenguaje articulado, en cambio, sí que es un desarrollo específico humano, a pesar de que se han encontrado también protolenguajes y que a algunos chimpancés se les ha adiestrado en el “lenguaje de los sordos”. Los primates no humanos nunca podrán hablar, no ya quizás por incapacidad “mental”, sino porque carecen de aparato fonador adecuado.
No obstante, nada impide investigar el origen natural del lenguaje, de la cultura o del “impulso estético” sin apelar a un “misterio” que nada explica y que sólo sirve para enturbiar las discusiones.
Saludos primates.
Comment by Administrator — July 26, 2006 @ 7:23 pm
Bien , bien …pregunta , no se empieza hablar de hombre apartir del homo habilis, cuando se inventan os utiles , con la evidencia de la capacidad de abstracion , independientemente de los mecanismos biologicos de la evolucion humana ….
Comment by Peggy — July 26, 2006 @ 8:25 pm
Yo a este señor le recomendaría que se leyese la carta que Richard Dawkins escribió para su hija de 10 años: http://lahabitacioncerrada.blogspot.com/2005/07/buenas-y-malas-razones-para-creer-por.html
Ya sería algo.
Saludos.
PD: por cierto, me ha gustado este post y he escrito sobre el mismo tema en mi blog.
Comment by Whitard — July 26, 2006 @ 10:08 pm
La carta de Dawkins es interesante, aunque no concuerdo con su noción positivista de que la ciencia se basa en “evidencias” (más o menos directas). El tipo de evidencias con que trata la ciencia son evidencias especiales, evidencias “teóricas” que tienen un respaldo empírico, pero que no se agota -ni comienza- en él.
La hija de Dawkins debe ser muy inteligente, por cierto; no creo que muchos adultos sean capaces de hacer una lectura crítica de ese texto.
Comment by Administrator — July 26, 2006 @ 10:58 pm
No sé, hace poco leía sobre las pinturas rupestres, y parece ser que los científicos siguen atónitos, porque se trata de un arte que parece nacer por gerenación espontánea, un arte que nace “ya formado”, sin que se hayan encontrado evidencias de evolución en el mismo, desde forma más simples a las maravillas que se pueden contemplar en Altamira.
Igual Prada ha leído algo sobre esto y se ha hecho un lío.
Según creo, hay consenso en que el desarrollo del lenguaje articulado, con su área de Broca correspondiente, es lo que más nos distingue de otras especies animales, y lo que más nos ha permitido diferenciarnos (vía evolución).
Saludos.
Comment by Manderley — July 27, 2006 @ 11:35 am
Nunca me han parecido “maravillas” las pinturas rupestres de Altamira. Estos son juicios estéticos que no sé hasta qué punto están fundamentados. De todos modos, no soy precisamente un entusiasta del arte, en general. Creo que se le da demasiada importancia.
Tampoco hay que sacar conclusiones precipitadas porque los científicos se queden “atónitos”. Los científicos tienen impulsos al misticismo y debilidades religiosas como muchos otros seres humanos. Darwin mismo pensaba que el “perfecto” mecanismo del ojo casi probaba la existencia de un diseñador inteligente. Pero esto es anecdótico.
Que no se hayan encontrado formas intermedias no prueba absolutamente nada. Desde luego, no prueba que el espíritu estaba soplando allí directamente sobre las manos de los cromagnones, inspirándoles aquellas “maravillas” sin formas intermedias.
Salud.
Comment by Administrator — July 27, 2006 @ 12:07 pm
A mí me suele gustar bastante de Prada. Leo con atención sus columnas, me hace recordar que todavía existe gente como él.
Y al contrario que a ti, Eduardo, me agrada.
Sólo una cosa quería apuntar, ¿Por qué se llama Teoría de la Evolución en vez de Ley de la Evolución?
Y que conste que tengo el libro del Origen de las especies como libro de cabecera …
Comment by Chesk — July 27, 2006 @ 8:55 pm
Es que no se trata de agrado o desagrado estético -aunque esa pose metiendo mano a Betty Page tampoco es como para encuadrar-
Se trata del analfabetismo y la ligereza con la que empieza a hablarse de este tema -me remito al blog de trampa22, al artículo de Camprubí en El Catoblepas, etc.
Yo no tengo la tranqulidad de ánimo y la diplomacia de Larry Arnhart, que asegura que es “lícita” la disputa entre creacionistas y evolucionistas, y que los estudiantes tienen “derecho” a conocer la controversia. No señor, no es lícita. Porque no existe tal controversia. A lo que tienen derecho los estudiantes es al conocimiento cierto. Como si me dicen que es “lícita” una disputación entre la Bruja Lola y Stephen Hawking. Pues no. César Vidal -también creacionista-, Prada, Ann Coulter, Michael Behe: trileros confusionistas. Si quieren hablar que estudien antes. De lo contrario, de vuelta a las cavernas. Esto no se puede tolerar.
Comment by Administrator — July 27, 2006 @ 9:14 pm
te puedo asegurar que esas barbaridades no han llegado aun a la docencia española , por mucho que le pese a pio moa , que no esta , la verdad muy considerado en circulos academicos
Comment by Peggy — July 28, 2006 @ 7:52 pm
Aquí hay que separar la obra historiográfica de Moa, que me parece muy apreciable (y muy despreciable la poca consideración de los “círculos académicos”) y sus opiniones sobre la evolución, en una anotación concreta de su bitácora. En el artículo no he pretendido juzgar a Moa, sino mostrar una tendencia preocupante que se está dando en una parte de los conservadores españoles. Tampoco hay que ocultar que estas “opiniones”, aunque puntuales, no pueden más que perjudicar la credibilidad de aquellos que las firman.
No es el mismo caso de Prada, un mal literato y un articulista mediocre para un medio mediocre.
Comment by Administrator — July 28, 2006 @ 8:08 pm
Admitida la aclaracion ,
Comment by Peggy — July 28, 2006 @ 8:32 pm
>¿Por qué se llama Teoría de la Evolución en vez de Ley de la Evolución?
“Teoría” en ciencia no tiene el mismo significado que en lenguaje normal. No se refiere a una suposición o a una hipòtesis. En la wikipedia viene bastante bien explicado y así no me enrrollo demasiado:
http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa
Comment by Angel — September 30, 2008 @ 10:12 pm