BilbaoPundit

Moda & AntimodasJuly 26, 2006 8:20 pm

Sigo la recomendación de AMDG y caigo en Manolo’s Shoe Blog (aunque las sandalias no son de Manolo Blahnik sino de Prada).

Destaco esta noticia sobre la semana de la moda de Teherán. Y me pregunto, siguiendo las pistas que dejaba Arthur Seldon sobre un supuesto "impulso" natural de la mujer hacia la moda y los adornos, que habría contribuído al fín del socialismo: ¿podrá suceder algo similar en el Islam ? No habría que ser tan optimista. Los organizadores del evento lo han presentado como un episodio de resistencia ante la "occidentalización" de la moda iraní. En realidad, ¿puede haber moda en absoluto dentro del contexto tradicionalista islamista? ¿Es el Chador negro y sus tibias versiones algo compatible con los movimientos esencialmente caprichosos y autodestructivos de la moda ?

Hamid Reza Moniri, the exhibition’s executive secretary, said it had been organised to help stem a cultural invasion from the west. "We believe that dressing in recent years has been influenced and damaged by non-Iranian fashions," he said. "Some international designers and television news channels have invaded our culture and influenced the morality of our youth and our nation. If you look at western countries, you never see statues of the Virgin Mary depicting her half-naked, but that is now the case with western dress. We don’t want to end up like westerners."

El resto del artículo aquí. Los argumentos son muy similares a los que esgrimían los responsables de los "Institutos de la moda" en los países socialistas. Entonces también se trataba de resistir a las modas "capitalistas" para defender una auténtica moda proletaria. Por supuesto, para llevar adelante semejante proyecto se necesitaba toda una estructura coactiva tan complicada como ineficaz para "dictar" las verdaderas modas socialistas. Los responsables de la moda socialista también sentían la influencia dañina de la moda exterior. Pero no se trataba sólo de "influencias" externas, sino de necesidades, anhelos, gustos y deseos genuinos de los ciudadanos. La "moda islámica", limpiada de influencias externas y "occidentales", sólo podrá mantenerse con un inmenso aparato de coacción.

Ciencia & Paraciencias 7:03 pm

Prada y la PinupLa selecta -quiero pensar- minoría que lee este blog sabe que no es un lugar para el ruido y la furia. Sin embargo, uno de los temas que más me sacan de las casillas es el de la instrumentalización del conocimiento científico por las ideologías y, en especial, por una parte de la opinión pública “religiosa”. Aunque en la católica Europa nos hemos mantenido –hasta ahora- prudentemente al margen de las falsas disputas sobre el creacionismo y la evolución, debido en parte a la moderación de las encíclicas papales y de los propios ministros eclesiales, últimamente hay que reconocer algunos signos alarmantes de decadencia.

Los ciudadanos de las “sociedades democráticas”, si es que la idea de participación en los asuntos públicos tiene algún sentido, no sólo tienen el derecho sino la obligación de poseer un razonable acceso al conocimiento científico. Por supuesto, Ann Coulter, Juan Manuel de Prada, Rappel y la “Bruja Lola” pueden continuar diciendo lo que les parezca echando mano del artículo 19 de la Declaración de los Derechos Humanos, aunque lo que “les parezca” sean locuras, mamarrachadas y delirios. Pero no pueden impedir ni esperar que sus “opiniones” sean inmediatamente puestas en evidencia y pasen a formar parte de la galería social de frikis, dobladores de cucharas, astrólogos, horoscopólogos, ufólogos, cazafantasmas, abuducidos por extraterrestes y demás trileros pseudocientíficos.

En un tema como el de la evolución humana y de los seres vivos no cabe más “libertad de conciencia” que asentir prudentemente ante los hechos y las evidencias teóricas de las que disponemos. El “teorema de la evolución”, es decir, la descendencia de los seres vivos por modificación genética y selección natural es un hecho y una teoría tan bien establecida hoy como lo está la esfericidad de la tierra o su ruta elíptica alrededor del sol. Esto no tiene nada que ver, como aprovechan los trileros del saber con saña sofista, con ningún supuesto “conservadurismo” de la comunidad científica que impida futuros progresos, debates e incluso rectificaciones. Tampoco es de rigor apelar en este caso a la “tolerancia” como virtud democrática por excelencia. De una democracia –también de una aristocracia- que “tolera” la difusión incontestada de doctrinas irracionales y delirantes sólo puede decirse que está podrida hasta la médula. Además, la ciencia no es ni puede ser en sí misma “democrática”, puesto que las verdades de la biología, de la geología o de las matemáticas no pueden decidirse por procedimientos asamblearios y de decisión popular. Una asamblea de los ciudadanos democráticos reunidos en el ágora no podría, en ningún caso, decidir “líbremente” que la tierra no gira alrededor del sol, o que la sangre no circula por el cuerpo humano. La lógica formal no es ni de izquierdas ni de derechas, patricia o plebeya. La entropía no es ni socialista ni burguesa. La evolución no es ni conservadora ni progresista.

Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970; que es el mismo personaje que le "acaricia" a la pinup en la foto) llevaba ya mucho tiempo haciendo oposiciones para convertirse en una referencia de la derecha religiosa más rancia y abyecta en España. No es de extrañar que su pedantería palanganera y su adornado analfabetismo científico haya encontrado acomodo en ABC, el pozo del conservadurismo monárquico español. Hace poco acaba de publicar en XLSemanal una verdadera apología de la desfachatez paracientífica titulada: “La firma del hombre” (subtitulada: La señal más evidente de la independencia y misteriosa singularidad del hombre es el impulso artístico).

El artículo es un pintiparado ejemplo de lo que se podría llamar “imperialismo” analfabeto de los artistas y literatos, gentes dispuestas a hablar de todo sin saber de nada y a llevarle la contraria al científico más pintado si es que sus conclusiones no concuerdan con el misticismo implícito de los "intelectuales y artistas". Pero cuestiones como el origen del arte o la evolución de la inteligencia humana, a partir de sus antecedentes homínidos (¿de cuáles si no, de los angélicos?), no pueden ser resueltas por poetastros y literatos. Sobre estos asuntos la “opinión” o la “visión del mundo” de los estetas y de los “intelectuales”, sencillamente, no cuentan nada. Goethe: “Escultor, esculpe y no hables”.

Además, la “opinión” de Prada está ya muy raída. No sólo se encuentra en “El hombre eterno” de G.K. Chesterton (muerto en 1936), sino en el paracientífico, metafísico y conocido estafador intelectual Teilhard Chardin, responsable de uno de los mayores escándalos de la paleontología gracias a la falsificación del llamado “hombre de Piltdown”. En realidad, se trata de un “argumento” habitualmente esgrimido incluso por aquellos “conservadores” que aceptan a regañadientes el darwinismo: “Será verdad que venimos del mono, pero al menos que no se entere la servidumbre”, parece que decía una dama victoriana.

Para Prada, la prueba irrefutable que niega el “continuum” del hombre con los animales es el “impulso artístico”. Prada, por supuesto, no desarrolla ninguna teoría coherente sobre el “arte”. No nos dice en qué consiste, cómo surge, cuáles son sus mecanismos. El “arte” es, al parecer, no sólo un “propium” de la especia humana, sino la mismísima antesala del misterio. Y con eso basta.

Lo que encontramos en dichas cavernas -unas pinturas rupestres realizadas no sólo por la mano del hombre, sino por la mano de un verdadero artista- rebate esas hipótesis evolucionistas que lo enmarañan y complican todo para que no podamos comprender la verdad, la sencilla y escueta verdad.

La verdad es, en cambio, muy diferente a lo que este literato trilero pretende. Lo que podríamos llamar “arte” es, en realidad, una innovación relativamente reciente en la historia de la humanidad. Es muy dudoso que lo que de Prada tiene por “arte” haya acompañado siempre a la historia del hombre. En Magonia (otro comentario ilustrativo sobre el mismo tema en Diarios de la estrellas), blog dedicado a enderezar entuertos paracientíficos, lo explican con claridad, sin ira y con estudio:

Afirmar que la existencia de las pinturas prehistóricas “rebate” el escenario de la evolución humana es no tener ni idea de lo que se habla. Las primeras pinturas rupestres son de anteayer, de hace sólo unos 40.000 años, y obra de nosotros mismos, aunque entonces no tuviérmos ni ordenadores ni santuarios marianos a los que peregrinar. Pero el arte -una obra es específicamente humano- es mucho más antiguo. Las primeras muestras que se conocen datan de hace unos 100.000 años y son unas conchas de molusco perforadas halladas en Israel y Argelia. También son obra de nuestra especie, porque el Homo sapiens apareció hace unos 200.000 años. Antes, hubo otros Homo que empezaron a fabricar herramientas hace 2 millones de años y, antes de éstos, otros homínidos más primitivos cuanto más atrás vamos en el tiempo. Nuestros orígenes se sitúan en África hace entre 6 y 7 millones de años, cuando nuestro linaje -el de los homínidos- y el del chimpancé se separaron. Así que la aparición del arte es un paso más; importante, pero un paso más en una larga historia.

El otro punto conflictivo entre Prada y la evolución es, al parecer, el “Misterio”. Según el trilero, la evolución desmiente la existencia del “misterio” en el mundo. El darwinismo fatal nos aboca al mundo desencantado de Max Weber.

Siempre me ha llamado la atención la rotundidad con que se suele negar la intervención del misterio cuando se trata de explicar el origen del hombre; pero lo cierto es que, si existe un momento en la historia del universo en que parece más que probable la intervención del misterio, es precisamente el momento en que el hombre irrumpe en el mundo.

Estas palabras suenan a las ideas del protestante Rudolf Otto sobre lo santo o lo sagrado como características esenciales de lo religioso. Otto sintetizó la experiencia de la religión en torno a la vivencia de lo numinoso en los términos de mysterium tremendum et fascinans. Estos sentimientos representarían algo así como la dimensión psicológica de la experiencia religiosa y además expresarían una ruptura de nivel que comporta lo sagrado. La misma “ruptura” que Teilhard creía ver en el “misterioso” momento de aparición de la “noosfera” humana, un episodio que nos pondría a las puertas mismas del divino “Punto Omega”.

Estos planteamientos, en cambio, ni comprenden realmente en qué consiste la evolución de los seres vivos ni tienen en absoluto en cuenta los hallazgos registrados en las ciencias del comportamiento animal (la etología, la sociobiología, la psicología cognitiva, la neurobiología &c). En cambio, nos devuelven a los tiempos y argumentos cartesianos que negaban “el alma de los brutos” y escindían radicalmente la realidad en dos mitades ontológicas difícilmente comunicables: alma y materia. Tiempos, que parecían relegados al basurero de la historia, pero que regresan hoy buscando la luz de la opinión pública.

Trampa22 tiene un post sobre este mismo tema.