I
Para intentar determinar la situación de la infancia en el Islam debemos empezar por entender cuál es su concepción de la persona humana. Quizás el mejor modo de hacerlo no es tanto enfrentarnos directamente al estudio de la teología del hombre, o de la antropología filosófica islámica –si es que puede hablarse propiamente de “filosofía islámica” tras la muerte de Avicena y Averroes-, cuanto que investigar su plasmación jurídico-positiva en las leyes musulmanas y en el derecho internacional.
En este sentido, constatamos inmediatamente una actitud diferencial del mundo islámico con respecto a los derechos humanos. La tradición occidental del derecho internacional, que encontró un sólido fundamento en la concepción del derecho de gentes según el salmantino Francisco de Vitoria en el siglo XVI, se ha ido desplegando sobre todo en torno a los derechos individuales y personales. Los derechos humanos de “primera generación”, de orientación individualista, arrancan en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, fruto de la revolución francesa, pero no culminarán hasta la proclamación solemne (10 de diciembre de 1948) en la Asamblea General de las Naciones Unidas de una verdadera Declaración Universal de los Derechos Humanos. A partir de las así llamadas “segunda y tercera generación de derechos”, estos adquieren un rumbo no necesariamente incompatible con el individualismo inicial, pero de un tono mucho más comunitario (Gross Espiell: Community oriented rights); aquí figurarían la Declaración de los Derechos de los Pueblos proclamada en Argel el 4 de julio de 1976 así como el Pacto Internacional de Derechos Económicos y Culturales que entra en vigor el 3 de enero de 1976 dando carta de naturaleza, desde entonces, al denominado “Derecho al desarrollo”.
Los derechos “islámicos” se inscribirán dentro de esta tradición comunitarista que no olvida, ante todo, la prioridad del “derecho divino” condensado en la autoridad de la Sharia (una ley islámica que divide de hecho el mundo entre los fieles al Islam, Dhar-Al-Islam y los “cafres” o infieles, Dhar-Al-Kafer). Así, y pese a que la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue ratificada por muchos países musulmanes, sin embargo en 1981 se firma un texto específico: la Declaración de los Derechos humanos en el Islam, y en 1990 se acuerda en El Cairo una nueva declaración de los Derechos Humanos.
Dada la creencia de las naciones árabes en la dignidad humana desde que Dios la honró al convertir al Mundo Árabe en el lugar del nacimiento de religiones y civilizaciones que confirman su derecho a una vida de dignidad basada en la libertad la justicia y la paz, Siguiendo los principios eternos de la hermandad e igualdad entre todos los seres humanos establecidos firmemente por la Sharia íslámica y las demás religiones de revelación divina.
Finalmente en 1994, la Carta Árabe de los Derechos humanos. Así daba comienzo su preámbulo.
¿Cuál es hoy la posición del Islam sobre los derechos infantiles? Según la información de UNICEF, la Convención de los Derechos del Niño ha sido ratificada por la Organización de la Conferencia Islámica (OIC), que representa a la parte más significativa de la población musulmana mundial, e incluye en su seno al estado de Palestina, Afganistán, la república islámica de Irán, la república árabe de Siria, la república del Líbano, o el reino de Arabia Saudí.
Según también UNICEF, los más de 600 millones de niños que viven en países islámicos representan más del 40 por ciento de la población total musulmana ( y hasta un cuarto de la población infantil global). Muchos de estos niños se encuentran hoy entre los más marginados y empobrecidos del planeta.
Otro reto importante al que se enfrenta el mundo islámico es la práctica de la ablación del clítoris tolerada en muchas naciones musulmanas, que aún amenaza gravemente cada año la libertad de más de tres millones de niñas y mujeres, muchas de ellas dentro incluso del territorio europeo.
Estos son algunos de los hechos: Hasta 11 de los 16 países con mayor tasa de mortalidad infantil se encuentran entre los países miembros de la OIC. Unos 4.3 millones de niños por debajo de cinco años mueren cada año de enfermedades prevenibles y de malnutrición, y hasta un 60% fallece tras su primer cumpleaños. Con alguna excepción (14 de los 57 estados), casi todos los miembros de OIC fracasan a la hora de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas.
La educación de muchas naciones musulmanas aún se encuentra bajo mínimos. En muchas naciones árabes y africanas la participación en la escuela primaria se sitúa por debajo del 60%. 4 de cada 10 niños en las regiones del África sub-sahariana está fuera de las escuelas, así como hasta un cuarto de los niños en los países árabes. Solamente 26 de los 57 miembros de OIC se encontraban, en 2005, en curso de alcanzar los objetivos para la igualdad de género en la educación primaria.
El discurso de UNICEF, como es de fácil comprobación, resulta bastante templado, diplomático, casi tibio. En general, guarda silencio sobre el abuso flagrante de la infancia que están cometiendo los yihadistas, y confía en que sean los propios países islámicos los que implementen las medidas adecuadas para que se cumplan las condiciones establecidas en la Carta para los derechos infantiles.
The OIC countries (…) They have ratified the Convention on the Rights of the Child and other international human rights instruments; now the challenge is to implement them.
A raíz de la guerra abierta (y no tanto “escalada” o “crisis”, meros eufemismos mediáticos) en julio de este año entre las milicias libanesas de Hezbolá e Israel se ha reavivado con fuerza el debate sobre la utilización y el sufrimiento al que se somete a los niños en el oriente próximo. Desde medios europeos o afines al Islam(ismo) se recuerdan, por ejemplo, las violaciones al derecho internacional de Israel en su tratamiento a los niños árabes y palestinos. También se nos advierte, una y otra vez, sobre la desgracia que corren muchos niños libaneses durante los bombardeos israelíes.
Israel es un estado signatario de la Convención de los Derechos del Niño de 1989. Sin embargo, al igual que lo visto en el caso de los Convenios de Ginebra, Israel no ha respetado sus responsabilidades como parte de esos acuerdos [7]. Particularmente, el artículo 37 de la convención establece que ningún niño puede ser privado de su libertad de forma arbitraria, mientras que en el caso de que el niño sea sometido a arresto, debe asegurarse su acceso a protección legal [8] El 2004 ha sido el año en que mas niños palestinos fueron hechos prisioneros por Israel, el 83% estudiantes, a los cuales en gran porcentaje se les ha negado el derecho a la educación mientras se han mantenido en cárceles israelíes [11]. El rango de edad fluctúa entre los 12 y 18 años, habiendo un importante número de prisioneros entre los 15 y 16 años.
Esto sin duda es cierto, pero en Webislam ocultan o minusvaloran, en cambio, la pesada responsabilidad que cae sobre el lado yihadista, al hacer un uso sistemático de los niños en su estrategia de lucha. Quienes ahora se escandalizan por la lamentable pérdida de vidas inocentes, deberían también hacerlo cuando los inocentes caían en el lado judío. El autor del artículo citado debería aplicar esos mismos principios para criticar la actitud de las autoridades palestinas y de las organizaciones terroristas islamistas, puesto que también el estado de Palestina, la república islámica de Irán o la república del Líbano son firmantes de la convención de 1989. Desde Human Rights Watch, pongamos por caso, se viene advirtiendo seriamente sobre el uso y la justificación que los islamistas vienen haciendo del martirio infantil.
Semejante uso aberrante que de la infancia hacen estos grupos terroristas depende de una concepción de la persona que, lejos del armonismo cultural, parece bastante alejada de la posición judeocristiana.
(…) Santo Tomás sostiene que la razón, el entendimiento agente, es individual. Dicho de otra manera, sostiene que es corpóreo. Mientras que Averroes sostiene que es supraindividual. Que nos envuelve a todos los hombres. Que alguien piensa por nosotros. Es la revelación. Es Mahoma. Es el fanatismo. Un terrorismo como el que hemos visto estos días en EE UU es de unos individuos que ponen entre paréntesis su vida. Eso sólo sucede entre los budistas, sean los bonzos que se queman o los kamikazes, y entre los musulmanes. Nunca se da en un europeo o en un americano. Así como el terrorismo individual o el de ETA es, hablando en términos matemáticos, propio de cantidades despreciables, el terrorismo musulmán es de otro orden, no se trata de cantidades despreciables. Eso es lo que aterra. El Islam no tiene faz visible. Pero la red está extendida por todos los países islámicos.
Los orígenes remotos de esta distinción pueden encontrarse, como ha recordado el filósofo Gustavo Bueno, en la disputa medieval sobre el origen del intelecto agente que enfrentó a los partidarios de Averroes y los partidarios de Tomás de Aquino.
Pese a que, con ocasión del episodio de las fotografías de las niñas de Kyrit Shmona escribiendo mensajes en proyectiles, se ha intentado “ecualizar” o equiparar la actitud judía a la islamista en la cuestión del tratamiento infantil, en realidad no encontramos en el mundo judío (o en el cristiano) nada remotamente análogo a la glorificación islamista de la "shahada" (sacrificio, martirio) aplicada incluso a los niños (en esta web encontraréis abundante material fotográfico). Sí encontramos, por el contrario, lamentables situaciones en las que algunos niños hebreos participan de la violencia y el ambiente fanatizado tras décadas de encarnizamiento religioso y conflicto territorial. Éste es el caso de muchas familias palestinas asentadas en Rumeida que vienen sufriendo realmente el acoso violento de colonos hebreos situados más allá incluso del control policial.
Stop Palestinian Abuse es una iniciativa dirigida a Naciones Unidas, su Consejo de seguridad, los líderes mundiales, Amnistía Internacional y el Observatorio para los Derechos Humanos donde se intenta denunciar el trato que el islamismo dispensa a la infancia. Las autoridades y las organizaciones terroristas palestinas vienen adoctrinando a la infancia en lemas virulentamente anti-semitas que incluyen a menudo netas apologías del sacrificio (Ajopringue reseña un vídeo que no deja lugar a dudas: “De mayor quiero matar judíos”). Notables autoridades palestinas, como Abu Mazen, ya habrían reconocido que los niños palestinos recibían $1 por cada bomba incendiaria arrojada (según la misma fuente, al menos 40 niños habrían resultado mutilados a consecuencia de estos mismos lanzamientos). La incitación a la violencia terrorista arraigaría en las propias escuelas palestinas, donde los libros de texto habitualmente ensalzan y promueven el martirio (Shahada). Los culpables:
- Saddam Hussein, que habría incrementado su ayuda financiera a las familias de terroristas suicidas desde $10,000 a $25,000.
- Un comité cuasi-gubernamental de Arabia Saudí que habría proporcionado ayudas de hasta $5,333 a las familias de mártires.
- Los pagos y las ceremonias de homenaje proporcionadas por las mismas autoridades palestinas, con la especial responsabilidad de Yassir Arafat.

