Johan Norberg, por otra parte un interesante propagandista y divulgador, afirmaba hace poco en su bitácora que Andalucía es "el lugar donde la cultura árabe y europea se encontraron y dieron nacimiento a ideas y ciencia que ayudaron Europa a entrar en el renacimiento". En una entrada anterior, el escritor sueco aseguraba que pensaba "explorar Al-Andalus, la antigua España musulmana que proporcionó a Europa un vínculo a la antigua filosofía griega y, en cierto modo, nos salvó de la edad oscura".
Parece que Norberg continúa reo del "mito de las tres culturas" (o de las "tres religiones", al modo de Américo Castro), lo que empieza a convertirse en un lugar común entre algunos liberales. Sorprende, en primer lugar, que no se mencione el papel mediador de la "cultura judía" en el proceso de asimilación de la cultura clásica. Además, el auténtico "vínculo" no fué ninguna sublime "Alianza de civilizaciones" entre Europa y el Islam, sino la escuela de traductores de Toledo fomentada por el monarca cristiano y castellano-leonés (es decir, español) Alfonso X, allí donde las obras de la antiguedad clásica se tradujeron al idioma latino, pasando antes por el filtro del castellano.
Por otra parte, ¿Cómo pensaría Norberg "explorar Al-Andalus" en julio de 2006? La cierto es que, pese al amplio batiburrillo mediático y político-autonómico en torno al famoso "legado andalusí", las huellas musulmanas en España, incluso en Andalucía, son mínimas. Lo cual no impide que desde el nuevo totalitarismo islamista se pretenda recuperar la memoria primero (y acaso después el territorio) de Al-Andalus.

