Nueva York, Madrid, Londres, Bombay y, de nuevo, 200 personas asesinadas en la red ferroviaria india. ¿Por qué en la India? 

Desde su amanecer como nación política, la economía india había intentado desarrollar los ideales de autosuficiencia de Gandhi. Nehru, su continuador, intentó la vía socialista de la industrialización, siguiendo el modelo soviético de planificación central. El proteccionismo, el infierno burocrático y la limitación de la libertad económica marcaron décadas enteras de la vida india.

Pero desde los años noventa India inició un proceso de reformas económicas encaminadas a la liberalización. Bangalore se convirtió pronto en el símbolo de la transformación en la nueva economía, pasando de ser el principal centro de la industria pesada (en manos públicas) a un símbolo de la industria tecnológica del siglo XXI.

India no ha resuelto todas las desigualdades socioeconómicas ni ha ingresado en el país de nunca-jamás eternamente prometido por el socialismo, pero avanzando por la senda del libre comercio ha conseguido alcanzar un puesto de privilegio. Desde 2002 los indios han consolidado su posición como uno de los principales socios comerciales de EE.UU, junto con Japón, la Unión Europa y los países de la OPEC. Inevitablemente, la libertad económica traerá pareja una mayor libertad política. Y todos estos son signos de peligro para el totalitarismo islamista. Los propios musulmanes indios viven hoy en unas condiciones crecientemente compatibles con la democracia liberal. No hay que olvidar que, tradicionalmente, las primeras víctimas del islamismo han sido los propios musulmanes, y este atentado bien puede formar parte de una estrategia de provocación relacionada con los musulmanes de Cachemira. Este atentado es tanto una amenaza contra la India liberal, pese a la fortaleza de su contestación, como una advertencia contra los propios musulmanes indios. Aunque aún nadie ha reinvindicado el acto, muchos ya señalan a Al-Qaeda.

India (along with Mali and Senegal on a much smaller scale) show us something that islam’s fascists don’t want you - or their fellow moslems - to notice; freedom works. Indian Moslems live in a relatively (and relatively new) liberal democracy; they have the rule of law, democratic elections, a constitution descended from that of the UK, and perhaps most importantly of all, economic freedom and the prospects that an open economic playing field bring to people. India’s Hindi and Moslems have had decades of strife - violence between the two religions has riven the country - but it’s traditionally been an ethnic battle, not a struggle between millenarian religion and secular, liberal society.

Leído en Shot in the dark