Economía políticaJuly 12, 2006 7:31 pm
Preferencia temporal y política
La ley de la "preferencia temporal", en la acepción desarrollada por la escuela austríaca de economía, establece la generalidad natural de la preferencia humana por los bienes presentes en lugar de los futuros. El propio curso en el "proceso de la civilización", por decirlo a la manera de Norbert Elias, dependería esencialmente de una disminución de la preferencia temporal: demorar el disfrute de los bienes presentes a la vista de una planeada satisfacción futura. Esto es lo que asegura el éxito de las empresas privadas así como de los proyectos políticos. El hombre es un animal proléptico (prolepsis, plan), capaz de empreder planes y programas a largo plazo. (…) the saver-investor initiates a ‘process of civilization’. In generating a tendency toward a fall in the rate of time-preference, he –and everyone directly on directly connected to him through a network of exchanges- matures from childhood to adulthood and form barbarism to civilization.
Hans Herman Hoppe (Democracy, the god that failed):
Existen distintos factores de la preferencia temporal: factores externos, biológicos, personales, sociales e institucionales. Los factores externos puede implicar tanto un descenso como un aumento de la utilidad de los bienes. Los factores biológicos suelen relacionarse con la edad. Así, en la edad infantil existe una alta preferencia temporal (high time-preference) con lo que la utilidad marginal de los bienes futuros decrece. En cambio, -aunque no siempre es así-, la madurez suele relacionarse con una disminuación de la preferencia temporal, con el crecimiento parejo en la utilidad marginal de los bienes futuros. Esta tendencia se invertiría de nuevo en la edad anciana.
Pues bien, cuando aplicamos este planteamiento al campo político, encontramos que el aumento en la prosperidad de las naciones dependería, de la misma forma que en la economía privada personal, de una disminución de la preferencia temporal de los propios gobernantes con respecto a la utilidad marginal de los bienes futuros. El destino de las sociedades políticas dependería también de la "amplitud de miras" de los gobernantes y de los ciudadanos, y de su capacidad para establecer planes y programas prudentes.
Este problema aparece en seguida que tratamos de establecer cual sea la clase de gobierno más adecuada para conservar a las sociedades políticas. ¿Monarquía o república? ¿Dictadura o parlamentarismo? Semejantes preguntas no pueden ser resueltas en el pensamiento, en la lógica pura, sino que deben ser contrastatas con la experiencia histórica de la humanidad, de sus sociedades políticas.
En la obra referida, Hoppe argumenta que la desaparición de las principales monarquías europeas (los Romanov, Hohenzollern y Habsburgo) ha dado lugar, de hecho, a un proceso de decivilización. Precisamente porque la democracia y el republicanismo habrían producido un aumento de la preferencia temporal de los gobernantes, elegidos por los electores para cortos periodos temporales. También podríamos apelar aquí a la apología (dedicada a Felipe II) que hace Sepúlveda de la monarquía, frente a la república, utilizando un argumento muy parejo al de la preferencia temporal "austríaca":
Pues, por lo que atañe a los saqueos (males éstos que suelen caer muchas veces gravemente sobre los pueblos), aquellos no sólo cuidan negligentemente los bienes comunes así como los ajenos, sino que también algunos más miserables, viendo que es poco el tiempo que les queda para robar, no pierden ocasión de saquear al estado; mas aún a veces abusan de su autoridad pública con fraudes y calumnias contra los bienes de las personas privadas. El rey, en cambio, por la perpetuidad de su mando, respeta los bienes comunes lo mismo que los suyos y mira por ellos, como pertenecientes no sólo aél, mientras viva, sino también a sus hijos y descendientes.
En Escritos políticos, de Juán Ginés de Sepúlveda.
Los romanos resolvieron este problema, una vez la monarquía fue abolida con el destierro de los "soberbios" Tarquinios, mediante la consolidación del sistema de cónsules y, ante todo, del senado.
El senado estaba formado por hombres que no habían sido designados solo por el nacimiento, sino más bien por la libre elección de sus conciudadanos, y era confirmado cada cinco años por las decisiones de un tribunal de las costumbres, en el que se sentaban los más dignos. Aún más, como no contaba que con miembros vitalicios, ellos eran libres de todo mandato a corto plazo y de la mudable opinión de la muchedumbre.
en Theodor Mommsen, Historia de Roma
El inconveniente del parlamentarismo y de los sistemas "democráticos", frente al sistema monárquico o senatorial, parece ser este inevitable aumento de la preferencia temporal que tiene lugar en su seno, tanto en los planes políticos como entre los planes de los ciudadanos privados. No podemos olvidar que este agujero, teórico y práctico, de los nuevas democracias fué aprovechado por el fascismo y el hitlerismo (como cualquiera puede comprobar leyendo la biografía del "führer").
Para evitar estos efectos indeseables, una república presidencialista debería descansar sobre un sistema constitucional duradero situado por encima del arbitrio de los gobernantes. Debería también fomentar el desarrollo de la responsabilidad individual, entre los gobernantes y entre los gobernados (si es que esta distinción no llega a anularse precisamente en una república democrática) así como favorecer los mandatos presidenciales duraderos.
Ninguna de estas condiciones se dan en nuestro propio sistema constitucional, pero partitocrático; democrático, pero monárquico.

