BilbaoPundit

Personal & BlogMay 1, 2007 7:07 pm

 

Tras resolver las dificultades técnicas, y si no ocurre nada extraño, a partir de hoy publicaré exclusivamente en la nueva ubicación de blogspot: Tabula rasa.

http://tabula-blog.blogspot.com 

Estas son las estadísticas de BilbaoPundit hasta que permaneció en activo: 50.810 visitas desde julio de 2006, 407 entradas y 2083 comentarios. Gracias, sobre todo a los comentaristas; y seguimos leyéndonos -si queréis. La bitácora continuará en línea a efectos de consulta.

Religión, EurabiaApril 30, 2007 2:59 am

Si en noviembre del año pasado asistimos a la resolución de la crisis de Ratisbona con una sedante visita del monarca romano a Turquía, ahora son otros turcos, estos secularistas, los que toman las calles (unos 700.000) para protestar en una clave muy diferente a la "ira santa" conocida. Los manifestantes, según informaba BBC, están preocupados con los compromisos islamistas que ha tomado el candidato del partido gobernante, Abdullah Gul. Esta respuesta en las calles, además, frente al carácter levantisco del ejército turco, está respaldada también por hombres de negocios alarmados ante la posibilidad de que la islamificación del régimen produzca una merma en la prosperidad del país -y dañe las posibilidades para incorporar Turquía a la Unión Europea. La asociación empresarial TUSIAD, que ya se había significado por su oposición a los ataques islamistas de 2003, reafirma ahora la necesidad de "preservar los inseparables principios de la democracia y el secularismo".

En las actuales circunstancias, casi nadie puede dudar ya del irreparable naufragio de la estrategia religiosa crítica contra el "laicismo", pero inusualmente tolerante con la "espiritualidad política" islámica. Trabajos como el del Padre jesuita Thomas Michel, que comentaban en Noticias de Eurabia, no pueden considerarse anecdóticos o circunstanciales. Por el contrario, los capítulos de ésta agenda basada en el "diálogo religioso" y en el fantasmagórico "ecumenismo" estaban ya escritos en el discurso de Ratisbona, pensado en esencia no tanto para reprochar el fundamentalismo de los musulmanes (el Papa añadió más tarde en Estambul que "La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso" y otros elogios sin cuento a la Umma), cuanto que para criticar la increencia occidental y la "falta de respeto por lo sagrado" en las democracias liberales.

Roma, mucho antes que Zapatero, apoya la estratégica Alianza de civilizaciones (unidos frente al "secularismo" y el naturalismo) y tan sólo debería comenzar a preocuparse cuando pierda el monopolio de la idea. La coincidencia de muchos religiosos "moderados" e izquierdistas indefinidos en su oposición al estado nacional, el liberalismo y el "fundamentalismo ilustrado" (que otros llamarían "ciencismo ateo") deja prácticamente en un segundo plano ulteriores ocasiones para el desacuerdo.

 

Yahoo! News Photo 

Estoy mudándome a Tabula rasa.

Personal & BlogApril 29, 2007 11:24 pm

Estoy planeando regresar a Blogger (al fín y al cabo Blogsome fué, en su momento, un recurso de emergencia). La nueva bitácora, si prospera el formato, se llamará Tabula rasa.

Estaría bian poder importar todo el contenido de ésta bitácora y de Una máquina de Coca-Cola en el Reichstag al nuevo sitio, aunque supongo que será complicado. 

De momento, seguiré publicando paralelamente aquí.

Ideas de la historiaApril 27, 2007 2:05 am

A medida que las ciencias, las técnicas y el comercio civilizan a Europa el cristiano trata de recobrar su raiz originaria y construir al tiempo una ética acorde con la propia civilización, pues no siendo ya estructuralmente esclavista tampoco puede ser moralmente pobrista.

(…) Atenas era pagana mientras Europa es cristiana, y el proceso que hemos seguido desde la crisis de Roma hasta la sociedad comercial exhibe sucesivas versiones en la interpretación del Nuevo Testamento, tantas como preciso fuere para pasar de una pequeña secta hostil a la propiedad privada y la previsión hasta la clase media más amplia y previsora de los anales.

Antonio Escohotado, Los enemigos del comercio 

La cursiva es mía.
Religión, Ciencia & ParacienciasApril 26, 2007 4:51 pm

No confiamos solamente en la razón y en la ciencia, porque estos son factores necesarios más que suficientes, pero desconfiamos de cualquier cosa que contradiga a la ciencia e indigne a la razón.

- Christopher Hitchens 

 

Uno de los defectos más notables que afectan el desarrollo normal de esta "discusión" sobre los límites de la ciencia viene siendo la escasa claridad y distinción con la que están tratándose los principales términos polémicos. Aunque parte de culpa debería también ser cargado en mi cuenta, lo cierto es que la deuda más cuantiosa cae en el lado, digamos, anticiencista, fervorosamente defendido por don Pío Moa.

I

Difícilmente podremos alcanzar el "fondo del asunto", en efecto, antes de haber resuelto problemas que pertenecen al prólogo, y casi al título de la cuestión.

Pues ocurre no solamente que el antiguo camarada cree saber de qué está hablando, sino que se permite aplicar semejante sabiduría confusionista a determinados periodos históricos; en particular a los "regímenes ateos" nazi-socialistas. Para don Pío, tales ocasiones ("hechos indiscutibles") se nos presentan como experimentos realizados en el laboratorio histórico que corrroboran ya la nefasta moralidad ocasionada por el "ciencismo". Curiosamente, Moa ha insistido bastantes veces en que, sin perjuicio del fracaso humanitario del ateísmo, el avance de la ciencia no sólo no se detuvo, sino que amplió sus horizontes hacia nuevos y quizás asombrosos logros.

Por mi parte, he argumentado en sentido contrario que 1) el periodo nazi-socialista no se caracterizó porque la ciencia tomara posesión de la vida humana, precisamente, como presupone la interpretación "ciencista", sino a la inversa, por la invasión de los valores nacional-socialistas del programa científico esencialmente liberal, 2) propiciando la decadencia general de la ciencia y la filosofía; "ciencia que es una especie de imitación de la ciencia, filosofía que es una especie de imitación de la filosofía" (M.A. Rozov).

II

Pero, ¿qué es entonces esa cosa llamada "ciencismo ateo"? Centrándonos en la experiencia soviética, dado que los nazis jamás pretendieron ser "ateos" y puede discutirse ampliamente en qué sentido eran en realidad anti-cristianos, hay que empezar por admitir que la escolástica soviética no intentó cultivar tanto el "ciencismo ateo", cuanto que un ateísmo científico en línea con el "socialismo científico" (materialismo histórico + diamat).

El diccionario soviético de filosofía culminaba así su entrada dedicada al "ateísmo".

La experiencia de la U.R.S.S., donde el ateísmo ha adquirido un carácter de masas, constituye una confirmación práctica de que estos principios son justos. Al construirse el comunismo, se va formando un nuevo hombre, libre de supervivencias religiosas y de otro tipo, un hombre armado con una concepción atea y científica del mundo.

Pese a este triunfalismo oficial, estamos forzados a reconocer que siete décadas de "ateísmo científico" en la Unión Soviética apenas consiguieron desactivar las supersticiones populares o la base eminentemente religiosa de la sociedad, sustituyéndola por un nuevo hombre "armado" con una visión auténticamente científica del mundo. No es momento de penetrar en honduras, pero el mismo Paul Johson, no precisamente inclinado hacia el ateísmo, explicó de qué modo el nuevo socialismo soviético pudo arraigar en la larga tradición colectivista cristiana-ortodoxa.

Otras experiencias socialistas, como la cubana, acreditan también que las supercherías populares no sólo no pudieron ser suprimidas, sino que proliferaron visiblemente. La "concepción atea y científica del mundo" nunca logró adquirir en realidad un carácter masivo, del mismo modo que las clases no consiguieron ser abolidas, y ello por mucho que Stalin así lo estableciera en la constititución redactada por él para la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Por supuesto, la insistente supervivencia del "hecho religioso" siempre puede interpretarse en el contexto del fracaso socialista para proporcionar sustitutos seculares al misticismo espontáneo de los hombres, pero también pone en solfa la genuina "cientificidad" del ateísmo y de la racionalidad materialista tal como fue sostenida por los marxistas.

El hecho, sin embargo, es que la escolástica pseudocientífica de la URSS tenía ciertamente un marco filosófico militante, aunque ahora estemos en disposición de poder detectar sus fallos, desde el que interpretar e intentar corregir los principales hechos del mundo relativos a la ciencia y la religión. Pero don Pío no nos ha ofrecido ningún marco filosófico explícito alternativo desde el que poder coordinar su postura. En su lugar, se ha limitado a dar por supuesto (¿será esto un ejemplo de la filosofía del "sentido común" a la Chesterton?) que ya sabíamos de qué hablábamos, dejando acá y acullá algunas escuetas definiciones con las que ir saliendo al paso:

El ciencismo consiste en sacar conclusiones excesivas de la ciencia, sobre todo en relación con la creencia religiosa.

Claro está, que semejante definición de sentido común no aclara gran cosa, y hasta se diría que enturbia más la cuestión. Pues, ¿qué es una "conclusión excesiva"?, ¿cómo sabemos cuando una conclusión es "excesiva"? ¿y por qué sobre todo en relación con la creencia religiosa? ¿por qué no también en relación con las creencias sobre agronomía, teatro de títeres o lingüística estructural? La verdad es que desconocemos la respuesta, aunque podemos maliciar los presupuestos implícitos de la pregunta. Como he argumentado ya hasta el cansancio, no se trata de cuestionar la crítica legítima del "cientificismo" (Gustavo Bueno, por ejemplo, al distinguir muy bien entre Ideas y Categorías, puede salvar esta dificultad: el cientificismo será un delito de lesa filosofía, precipitado por la confusión de Ideas y Conceptos), sino los presupuestos irracionalistas y espiritualistas de una versión particular del anticiencismo.

III 

¿Dónde se encuentran entonces los "límites de la ciencia" y cuándo sabemos que los hemos sobrepasado? Uno no puede evitar pensar en que (la denuncia de) semejantes "extralimitaciones" normalmente no ha ocultado mucho más que la lucha por salvaguardar el monopolio teológico (que resumía la divisa medieval: philosophia ancilla theologiae). Si don Pío pretende encontrar "muros bizantinos", deberá buscarlos mejor entre los teólogos que entre los científicos o los filósofos secularistas a los que no siempre se les ha dejado vía libre para investigar. Pues es lo cierto que no pocas ideas y prácticas se han puesto cuidadosamente a salvo del escrutinio científico o filosófico racional ante todo cuando éste ponía en cuestión ciertos supuestos dogmáticos o visión religiosa del mundo.

En caso contrario, cuando la ciencia parece apoyar la verdad de la religión, se diría que ¡no hay ningún problema en absoluto!

Empezando por los escolásticos, que no tenían inconviente en hacer uso de la razón, en el contexto de los preamubla fidei, para defender la verdad (es decir, la "cientificidad") de la teología natural. Aún hoy la teología católica mantiene como un dogma la posibilidad de conocer a Dios con la sola luz de la razón natural, declarando el Concilio Vaticano anatema, la posición contraria (Dz- 1806). Y el mismo Benedicto XVI, en el célebre discurso de Ratisbona, volvió a señalar hace poco que "actuar contra la razón es contrario a la naturaleza de Dios". En consecuencia, los católicos siguen sin creer que la ciencia se "extralimite", en principio, al probar la existencia de Dios mediante argumentos naturales, y ello aunque todas las vías hayan recibido críticas triturantes -destacando aquí por encima de todas la refutación darwiniana del argumento del diseño. También podemos mencionar el caso de la investigación arqueológica de los "santos lugares", que es fervorsamente apoyada por la curia siempre y cuando apoye la "verdad histórica" del cristianismo católico, o incluso la búsqueda de determinados testimonios "científicos" cuando se trata de acreditar la veracidad de ciertos milagros.

Hay, además, otro sentido importante en que se considera legítimo el escrutinio científico-religioso, y es cuando este ayuda a respaldar, no ya la verdad, sino la bondad de la religión. Sobre todo desde EE.UU recibimos últimamente toda clase de estudios pretendidamente "científicos" que vienen a respaldar los grandes beneficios morales y comuntarios de la religión: la religión es buena para los niños, la oración a través de internet ayuda a los pacientes de cáncer, los asistentes a la Iglesia viven más, etcétera, etcétera. ¿Habrá que considerar tales estudios casos ejemplares de "ciencismo"? ¿Ciencismo religioso tal vez?

Sin embargo, cuando el escrutinio científico tiene la mala pata de romper el conjuro de la bondad, para decirlo a la manera de Daniel Dennett, mostrando pongamos por caso que la religión alimenta la violencia, que las naciones mayoritariamente agnósticas son más solidarias con el tercer mundo, que existe una relación positiva entre laicidad y expectativa de vida, o incluso que los ateos se divorcian menos que los creyentes, entonces ¿comenzaremos a sospechar que nos las habemos con una intolerable extralimitación "ciencista" y atea?

Y esto por lo que se refiere a la bondad de la religión. Puesto que franjas de su verdad, sin perjuicio de la célebre fórmula de Stephen Jay Gould tantas veces recitada para ahorrarse mayores inconvenientes, han sido puestas en evidencia ya en múltiples ocasiones. Por ejemplo, la peligrosa aplicación galileana del atomismo a la teoría de la transubstanciación, parece que empezó también por considerarse una molesta "extralimitación" merecedora de condena -y nótese que el atomismo de Galileo sólo podría considerare "extralimitado" desde el punto de vista de la física aristotélica tal como fué recibida por la teología cristiana. Por no mencionar la vigorosa refutación darwiniana de la quinta vía tomista, cuyo límite vencido nunca ha dejado de reconocerse del todo, ni siquiera en el momento de mayor cercanía a la verdad de la evolución (cuando Juan Pablo II, ante la academia pontificia, tuvo el parcial valor de admitir que el algoritmo darwiniano era algo "más que una hipótesis"…si bien debía circunscribirse a la "evolución material" so pena de apostasía).

IV

Dejando por un momento de lado el "laboratorio" de la historia y los presuntos efectos políticos o humanitarios del ateísmo, creo que las críticas dirigidas por don Pío Moa en contra el "ciencismo", que reflejan a su modo el espiritualismo católico ambiental y quizás un cierto clima de opinión entre la "derecha chestertoniana" en España, han descansado en un presupuesto implícito: la ciencia no sólo limita con otras ciencias u otros saberes comunes, aunque mundanos, sino acaso con el "espíritu" o la sapientia humana, para decirlo también al modo de Chesterton, que solía reprochar a los antropólogos de su época por limitar la ciencia al estudio del hombre como un mero simius o insipiens. En este sentido, sigue siendo corriente que la religión de la bienvenida a la "buena ciencia" que corrobore sus expectativas, mientras que despache normalmente con cajas destempladas a la "mala ciencia" (¿ateísmo ciencista?) que viene a romper el conjuro.

ACTUALIZACIÓN: Como siempre, en su nueva "réplica", Moa repite de nuevo las mismas ideas, sin justificarlas, sin añadir ningún apoyo documental, y sin darse por enterado de las críticas o preguntas a las que alegremente despacha como ejemplos de "bizantinismo". También me reprocha por hablar "en nombre de la ciencia" y por declarar "en dos patadas los más complicados asuntos". Esto realmente tiene su gracia, viniendo de un converso marxista, que hasta hace no tanto practicaba la "lucha armada" en nombre del proletariado y ahora le ha dado por ejercitar un creacionismo de bolsillo más o menos camuflado. La cosa no da más de sí.

FilosofíaApril 25, 2007 6:43 pm

¿Por qué Deleuze? Durante la última década Deleuze se ha impuesto como referencia central de la filosofía contemporánea: nociones como "multitud resistente", "subjetividad nómada", la crítica "anti-edípica" del psicoanálisis y otras más son moneda corriente en la academia actual, por no hablar del hecho de que Deleuze sirve cada vez más de fundamento teórico a la izquierda antiglobalizadora de hoy y de su resistencia al capitalismo.

Y no bromean. Vía Rizomas

Meme: Ya que dentro del repertorio no hay ninguna substancia que tenga el poder de devolver el sentido de la realidad, por mi parte, les asfixiaré un poco con GAS CS. 

Economía políticaApril 24, 2007 7:48 pm

Es frecuente que los orígenes de la era industrial se estudien investigando ante todo sus causas ideológicas, relacionando capitalismo y libertad política, sus causas religiosas, vinculando capitalismo y libertad religiosa (la "ética protestante del trabajo") o bien sus razones tecno-económicas (Marx: "El molino manual te da la sociedad del señor feudal; la máquina de vapor, la del capitalista industrial"). Hasta hace relativamente poco tiempo, sin embargo, no era tan frecuente acercar el análisis económico a las ciencias de la evolución biológica, como hace Gregory Clark (podéis encontrar más bioeconomía en los trabajos de Herbert Gintis y Oded Galor) en un estimulante paper titulado ¿Genéticamente capitalistas? La era malthusiana y la formación de las preferencias.

Según Clark, el triunfo del capitalismo en el mundo moderno podría descansar tanto en nuestros genes como en nuestra ideología o en nuestra racionalidad. El hecho básico es que antes de 1800 todas las sociedades eran "malthusianas": los recursos no siempre crecían en proporción a la población y cada hombre o mujer dejaba como promedio dos hijos supervivientes. Pese a que la población mundial pudo crecer de los 100.000 individuos en el 100.000 a.C hasta los 770 millones de 1800, el promedio de hijos supervivientes rara vez superó el par por mujer antes de la época industrial.

Durante la "era malthusiana", las leyes bioeconómicas humanas eran prácticamente idénticas a las que regían el resto de "sociedades animales". Darwin mismo se inspiró como es sabido en On a principle of population, de Malthus. Y, en la medida en que las sociedades humanas mantuvieron esta legalidad malthusiana, la inferencia de Darwin sobre la selección natural gobernando el crecimiento humano era plenamente correcta. Esta lucha "darwiniana" clásica, desde la revolución neolítica, habría proseguido hasta 1800.

Estas mismas sociedades preindustirales eran "darwinianas" -sin entrar ahora en mayores honduras sobre el significado de "darwinismo"-, en el siguiente sentido: algunos grupos producían más de dos descendientes supervivientes, incrementando así la frecuencia de su población genética a expensas de otros grupos. Por ejemplo, parece que la población anglosajona pasó de una baja frecuencia, en torno al 10 % en los primeros siglos después de Cristo, hasta alcanzar más de la mitad porcentual de la población británica actual.

El capitalismo inglés 

En Inglaterra la selección se basó en el éxito económico al menos desde 1250. Según refleja la documentación disponible sobre la relación de testamentos, los más ricos dejaban al menos el doble de descendencia que los pobres. Una consecuencia importante, en consecuencia, es que la moderna población de Inglaterra desciende de las clases media-altas formadas en la edad media.

Las personas corrientes antes del siglo XIX no se encontraban mejor en términos materiales a las personas corrientes de hace 10.000 o incluso 100.000 años. Disponemos de evidencias sobre el consumo de alimentos gracias a las investigaciones llevadas a cabo durante las Poor laws (1787-1796) que así lo atestiguan. Los ingresos promedios de los pobres ingleses era de solo 4.6 libras, un 30% del promedio general. Los pobres consumían como promedio sólo 1,508 calorías. Esto revela unas condiciones inferiores a las de muchos pueblos "primitivos" (la mitad, por ejemplo, a lo consumido por los Ache de Paraguay).

Pese a todo, la media de 2340 kilocalorias entre la poblacion inglesa iguala la cantidad de consumo de cualquier sociedad de cazadores-recolectores:
 
 

Pero cuando los "ricos" empezaron a predominar cultural y genéticamente la tasa de preferencia temporal disminuyó, las horas de trabajo aumentaron y la alfabetización se incrementó en la población. Es decir, la era pre-industrial, malthusiana, sembró las semillas del industrialismo, pos-malthusiano.

Un hecho simple gobernaba el "techo malthusiano" de las poblaciones: a la larga la tasa de nacimientos se igualaba con la de muertes. En este contexto pre-industrial 1) Cada sociedad poseía una tasa de nacimientos determinada en parte por las costumbres que regulan la fertilidad, y que aumenta a medida que aumentan las condiciones materiales de vida, 2) la tasa de mortalidad en cada sociedad declinaba a medida que aumentan las condiciones materiales y 3) las condiciones materiales de vida declinaban a medida de que aumenta la población.

La ley malthusiana presupone que aquellos con mayores ingresos y éxito material (lo que no era igual que la aristocracia, en el caso británico) obtendrán por regla general un mayor éxito reproductivo;y esta tendencia podría ser incluso más fuerte en otros momentos de la era pre-industrial, sobre todo en sociedades que, a diferencia de Europa, eran polígamas (hoy mismo se ha observado este fenómeno entre las sociedades de pastores de Kenya, donde los propietarios de ganado tienen un éxito reproductor muy superior al resto).

A diferencia del caso inglés, donde la violencia aristocrática suponía una mala estrategia reproductiva, en el caso de las sociedades "tradicionales" y de cazadores-recolectores existe una relación positiva entre violencia y reproducción. Hoy está bien documentada la mayor incidencia de las muertes violentas entre las "sociedades tradicionales" o sociedades sin estado. Se sabe, por ejemplo, que la mayor causa de mortandad entre los varones Ache es la violencia, e incluso que estrategias de supervivencia "criminales" se han vuelto estables entre algunas sociedades amazónicas –como acredita el célebre estudio de Chagnon sobre los Yanomano.

Genéticamente capitalistas

La economía malthusiana se caracterizaba por su tendencia estática que no acompasaba a largo plazo el incremento de población y recursos. Solamente las rentas de la tierra podían aumentar sus beneficios, pero las ganancias del capital, las horas de trabajo y la movilidad general permanecían equivalentes en términos generales. A pesar de esto, la época preindustrial mostró antes de 1800 tendencias crecientes en 1) Las horas de trabajo, 2) el alfabetismo, 3) la disminución de las muertes violentas, y 4) la caída del precio del dinero (el alto interés del dinero había sido característico en todas las civilizaciones antiguas y en el medioevo, tanto asiático como europeo).

El resultado de esta coevolución de las preferencias dentro del mercado, favoreciendo el éxito de los más "capitalistas", es que las sociedades se orientaron hacia una tendencia de clases medias: ahorro, prudencia, negociación y trabajo duro. Por el contrario, disminuyen el despilfarro, la violencia y el amor al ocio típicos de las sociedades antiguas y medievales. Es posible, como apunta Clark, que semejante "supervivencia de los más ricos" no sólo modificara las culturas e ideologías, sino también la base genética de las poblaciones: a pesar de que las economías agrarias que lograron desarrollar la revolución industrial alrededor de 1800 no tenían condiciones de existencia mucho mejores a las del Paleolítico; el conjunto de actitudes y habilidades habían conseguido cambiar sistemáticamente desde entonces.

Quizás el fenómeno más importante que fraguó la revolución industrial fue la diminución de la preferencia temporal (la idea de que, estando todas las cosas igual, la gente prefiere consumir ahora que después), en franco contraste con las sociedades antiguas y las sociedades tradicionales conocidas hoy por los antropólogos. James Woodburn ha documentado la falta de interés de los Hadza de Tanzania en los beneficios distantes y los Piraha de Brasil parecen no menos indiferentes a las ganancias futuras; lo que no significa que no puedan ofrecerse muy buenos argumentos evolutivos para comprender esta disminución histórica de la preferencia temporal.

Un punto muy interesante en el trabajo de Clark es el cuestionamiento de las explicaciones "ideológicas" de la revolución industrial, acercándose a un marco más materialista y naturalista –aunque no por ello marxista: "Las ideologías son ellas mismas la expresión de actitudes fundamentales derivadas en parte de la esfera económica".

 

No debe caber ninguna duda de que el éxito económico está enlazado con el éxito vital: los más alfabetizados y los más prósperos tendieron durante la "era malthusiana", en promedio, a dejar mas descendencia que los menos alfabetizados o los menos prósperos. Si se seleccionó la paciencia y el trabajo duro, no era tanto porque así lo establecía la "ética protestante del trabajo", sino porque eran cualidades que objetivamente conducían a un mayor éxito reproductivo. Se diría que fue la "ética del trabajo" la que resultó seleccionada por presiones relacionadas con hechos fundamentales de la existencia mucho más profundos que la ideología de la libertad o las reformadas ideas religiosas. También se diría que no fue meramente la "ciencia desinteresada", a la manera de Ortega, la que fundó una nueva civilización, sino que fue esta actitud económica la que ayudó a formar el nuevo espíritu científico. Por ejemplo, en el reemplazo de los números romanos por los árabes hay que contar con las demandas del comercio en la europa medieval:

En Europa, los cuerpos religiosos y estatales, aislados de las presiones del mercado, eran los más lentos en adoptar estas innovaciones. El Tesoro Inglés aún empleaba numerales romanos para su contabilidad en el siglo XVI. Pero a partir del siglo XIII los numerales árabes dominaron crecientemente el comercio, y muchos tratados sobre aritmética fueron claramente estimulados por el comercio.

Las sociedades pre-industriales establecieron condiciones para estimular la vida intelectual creando la necesidad de sistemas simbólicos más útiles y realistas. A pesar de que las condiciones de vida continuaron relativamente estáticas (éste es un punto polémico, o matizable, en la argumentación de Clark) antes de 1800, la cultura y quizás también los genes iban transformándose hasta que las nuevas actitudes se convirtieron en norma social. Las mismas ideas de filosofía o ciencia, tal y como hoy las entendemos, se encuentran profundamente comprometidas con esta civilización comercial de la que proceden.

OffTopicApril 23, 2007 9:28 pm

 

Leo Strauss, The city and man

Otras propuestas: El siglo soviético, de Moshe Lewin. Skepticism and freedom. A modern case for classical liberalism, de Richard Epstein. Natural selection and social theory, de Robert Trivers. El médico de su honra, de Calderón.   

Ciencia & Paraciencias, Conservadores 3:32 pm

Uno de los rasgos que caracterizan al sofista es que siempre debe eludir reconstruir el pensamiento del oponente, conformándose con hacerse un "muñeco de la imaginación", como comentaba Engels refiriéndose a Dühring, contra el que dirigir los golpes según una agenda casi del todo predeterminada. 

El procedimiento seguido por Pío Moa, a lo largo de este "debate", ha sido eminentemente "sofístico" en este sentido. Nuestro pundit fervoroso (¿el fervor contra el ciencismo convierte a su vez en pío?) ha eludido siempre el engorroso esfuerzo de reconstruir el pensamiento de su interlocutor y ha continuado en todo momento propinando el mismo género de golpes a su muñeco imaginado; por ejemplo, en la fantasiosa consideración "ciencista" del hombre como una máquina, una peligrosa metáfora en la que según la peculiar erudición humorística del blogger gallego, confluyen nada menos que La Mettrie, Nietzsche, Weinberg y Pinker, entre otros (¡¡??).

En lugar de esforzarse en comprender, Moa el sofista ha escogido sustituir los argumentos por la presentación insistente de ideas e hipótesis sin justificar, así como por descalificaciones y alguna que otra salida de tono. Ésta táctica con la que alimenta a su parroquia don Pío, a la vez que le ayuda a desentenderse del meollo dialéctico (considerando "bizantino", pongamos por caso, cualquier curso de argumentos que se desvíe del plan original), ya era perceptible en los anteriores mensajes, pero en el último se ha encarnizado. Así, don Pío me acusa ahora de acumular citas sin sentido y emplear constantemente "argumentos de autoridad" compatibles con una "actitud infantil". Además, identifica semejante actitud con una especie de plasma intelectual español al que el blogger gallego pretende enfrentarse, casi como un héroe solitario. De este modo, Moa cree distinguirse de la inercia ambiental elevándose hasta riscos de la verdad y la piedad que los intelectuales a la moda desconocemos. Y no hay que dudar, en efecto, que este espléndido aislamiento, como escribía Freman, "suele reconfortar mucho".

Muy bien, puede que esta mezcla de deshonestidad intelectual, malditismo, originalismo y uso de la fuerza más que de la razón (y no digo que razón y fuerza sean antitéticas) sea relativamente exitosa. Dependerá, en cualquier caso, de las tragaderas del auditorio. Un estudio de Kahneman ya acreditaba hace no mucho que existen docenas de fundamentos favorables al conflicto en los procesos humanos de toma de decisión (ahora es cuando debería pedir disculpas por respaldar mi punto de vista en una opinión científica, aunque, por supuesto, no lo haré).

Pero el caso es que las cuestiones que el columnista pío continúa eludiendo y los temas que continúa desfigurando a su gusto, siguen en el mismo lugar. A saber:

1) Pío Moa no ha hecho el más mínimo esfuerzo por justificar su tesis de que los regímenes nazi socialistas eran, objetivamente (y no sólo siguiendo el enfoque ideológico), civilizaciones basadas en la ciencia. Esto es lo que importa e interesa al debate, y no el dichoso "ciencismo ateo". A pesar de que ya se ha argumentado hasta la saciedad el tipo de terribles daños infringidos al programa científico por marxistas y hitlerianos, Moa se ha limitado a presentar su tesis como un "hecho indiscutible", apresurándose a taparse los oídos ante cualquier argumento en sentido contrario.

2) Pío Moa no ha explicado, significativamente, por qué el principal programa autoritario y "totalitario" del presente no procede precisamente del "ateísmo ciencista", sino del irracionalismo islamista contrario a la actitud científica y al régimen liberal.

3) Pío Moa nunca ha argumentado con un mínimo de poder convictivo por qué los ateos liberales iban a preferir el autoritarismo al régimen liberal (es decir, por qué iban a sentir como "necesidad absoluta" la idea del ciencismo totalitario) que es de hecho el único compatible con el desarrollo de la ciencia, tal como argumentaba Bazhanov.

4) Pío Moa no ha comprendido la auténtica diferencia entre el "ciencismo" y su muñeco de la imaginación. Lo que aquí se ha criticado es el ciencismo como excusa; es decir, la ridícula idea de que la ciencia debe excluir de antemano los temas religiosos, la libertad, la moralidad, etc, dejando estos asuntos al monopolio exclusivo de los humanistas (la "primera cultura" de Snow) y los clérigos. El anticiencismo de Moa sólo se explica cómo modo de proteger estos temas del escrutinio científico y filósofico racional. De hecho, las opiniones de Moa y las del islamista Yahya, cada vez aparecen como más mutuamente consistentes.

5) Pío Moa ha establecido, como un dogma a seguir, que la "ciencia demuestra que la religión es un conjunto de supercherías". Pero con esta caricatura, necesaria para formar su muñeco de la imaginación, sólo demuestra ignorancia de la amplia literatura científica, antigua y moderna, sobre la religión.

En tanto nuestro pío comentarista no haga el menor esfuerzo en adaptar su agenda, con más estudio y menos ira, a las exigencias de la argumentación, este intercambio de mensajes no puede realmente tomarse más que como un pasatiempo de café. Eso sí, seguirá teniendo su interés para desvelar por donde van los tiros en ciertos focos de opinión conservadores.

La "máquina".

ACTUALIZACIÓN. No se pierdan por nada los comentarios de Freman Bregg sobre la nueva "ciencia moeña". 

Ciencia & Paraciencias, SocialismoApril 22, 2007 3:35 pm

Spengler cree que la técnica puede seguir viviendo cuando ha muerto el interés por los principios de la cultura. Yo no puedo resolverme a creer tal cosa. La técnica es consubstancialmente ciencia, y la ciencia no existe si no interesa en su pureza y por ella misma.

José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas

Comencemos por reconocer que la idea de una ciencia desinteresada es, en rigor, algo exagerada y tal vez utópica. Es improbable que ninguna sabiduría humana haya podido resolverse nunca sin apelar a algún interés práctico, público o personal. Sin embargo, el diagnóstico histórico de Ortega es básicamente correcto y esclarecedor: una civilización basada en la ciencia no podría sobrevivir al monopolio del interés práctico subordinado a un grupo de poder o Iglesia.

El problema de la economía del conocimiento científico resultaría ser análogo al problema de la economía general de la información descubierto por Hayek (traduzco aproximadamente):

El carácter peculiar del problema de un orden económico racional está determinado precisamente por el hecho de que el conocimiento del que debemos hacer uso nunca existe en una forma concentrada o integrada, sino solamente disperso en pedazos de conocimiento frecuentemente contradictorio e incompleto poseido por individuos separados. El problema económico de la sociedad no es, por tanto, meramente un problema sobre como ubicar los recursos "dados" –si suponemos que "dado" se refiere a una mente singular que soluciona deliberadamente el problema establecido por estos "datos". Es más bien un problema sobre cómo asegurar el mejor uso de los recursos conocidos a cualquier miembro de la sociedad, para fines cuya importancia relativa sólo conocen esos individuos. O, para decirlo brevemente, es un problema de la utilización de un conocimiento que no es dado en su totalidad.

Sin perjuicio de que la economía científica posea características propias, que seguramente no puedan reducirse a la metodología individualista, sin embargo la advertencia de Hayek sobre la imposibilidad de un conocimiento centralizado sigue siendo certera. No debería caber ninguna duda de que el desarrollo de las ciencias precisa un marco insitucional lo suficientemente abierto y liberal. El bloqueo del conocimiento que sufrió la "ciencia islámica", una vez de que se impusieran las tesis de Algazel en el siglo XI d.C que devolvían el poder a los clérigos y se lo arrebataba a los filósofos, tuvo lugar también en la Rusia soviética o en la Alemania nazi del siglo XX cuando los valores del Partido nazi o bolchevique invadieron las aulas académicas.

Contra la tesis "ciencista" (o mejor, anticiencista), es preciso reconocer que no fué precisamente la ciencia la que invadió el territorio de la sociedad, la política o la moralidad en ninguno de estos periodos históricos, sino que fueron los valores nazi-socialistas, o los del islamismo, aquellos que tomaron por fuerza la Academia, reduciendo los objetivos de su programa a los intereses de un grupo particular (la raza, la Umma, o el proletariado). Además, tanto la presunta "ciencia socialista" como la negación islamista de la ciencia comparten como premisa epistemológica fundamental una u otra versión del antirrealismo. Si para los partidarios de Algazel la realidad era una especie de construcción imaginaria que dependía últimamente del auxilio divino, para los partidarios de la ciencia socialista (en la que debía coincidir verdad y emancipación) la cosa-en-sí kantiana quedaba transformada en cosa-para-nosotros (es decir, para el Partido, para el proletariado), y esto sin perjuicio de la iracunda protesta realista de Lenin contra el "empirocriticismo" de Mach.

Bazhanov

Valentine A. Bazhanov (1953-) es un profesor de filosofía de la universidad pública de Ulykanosvk, actual Rusia. Poco antes de que colapsara definitivamente la URSS, Bazhanov pudo publicar La ciencia sombría en la Unión Soviética (Shadow science in the Soviet Union), aprovechando el nuevo ambiente de perestroika, un trabajo que describe desde dentro (el profesor fue miembro activo de la Academia de las Ciencias de Moscú) algunas de las peculiaridades y avatares de la ciencia socialista.

El cuadro que pinta el profesor ruso no nos evoca precisamente una ciencia orientada hacia la emancipación de la humanidad, sino un entramado de intereses políticos, burocráticos y académicos que en todo momento predominaban ante la búsqueda de la verdad. Al punto que la ciencia soviética, citando a M.A. Rozov, terminó siendo una "ciencia que es una especie de imitación de la ciencia, una filosofía que es una especie de imitación de la filosofía". Cierto que estas características comúnmente estudiadas por la sociología de la ciencia pueden considerarse bastante genéricas, afectando a cualquier comunidad científica compuesta por seres humanos imperfectibles. La plaga del interés burocrático lo experimentamos también en las academias de las democracias liberales, y la actitud interesada no falta jamás entre los periodistas, intelectuales, o entre los miembros de Think-Tanks, que funcionarían con respecto a la economía del conocimiento de un modo análogo a cómo funcionan las firmas desde el punto de vista de la economía general.

Bazhanov define la "ciencia sombría" como aquella que tiene lugar en "comunidades científicas, representantes o actividades basadas en la violación o deformación de ideales, normas y valores comúnmente cultivados dentro de la comunidad". La situación de esta "ciencia sombría" era singular en la URSS debido a la posición relativamente privilegiada de la que gozaban los académicos soviéticos. Una buena progresión en la carrera académica aseguraba a los individuos mejor posicionados un nivel de vida más acomodado y la posibilidad de acceder a grados de prestigio superiores al trabajador del estado corriente.

La ciencia sombría soviética fué en esencia una creación del estado burocrático basado en lo que Bazhanov llama "superconductividad": el hecho de que todos los subsistemas sociales reciben sin apenas resistencias las órdenes e instrucciones procedentes del centro (es decir, del Partido Comunista de la Unión Soviética). Aunque este monopolio central de poder y conocimiento ya había comenzado a decrecer en la década de los ochenta, sus efectos se dejaron notar con fuerza hasta el último momento. En semejante sistema monopolista los académicos inconformistas recibían un evidente trato marginal y sus investigaciones y publicaciones tenían muy escasas posibilidades de prosperar en ausencia de mercados libres. Se da la paradójica situación de que los académicos soviéticos mejor situados terminaban leyendo casi exclusivamente obras de autores extranjeros, mientras que las obras publicadas tras pasar el filtro oficial apenas recibían atención auténtica más allá de los círculos del neoescolasticismo soviético.

Ciencia suprimida en la URSS

Los logros de la ciencia e incluso de la tecnología socialista han sido generalmente magnificados (en ocasiones por sus propios oponentes de la guerra fría) y durante mucho tiempo fue bastante complicado distinguir la realidad de una propaganda que consumían sin ningún problema muchos militantes e "intelectuales" occidentales. Es cierto que los bolcheviques destacaron en determinadas áreas del saber; sobresaliento ante todo los cuatro premios nobeles en física (Pavel Cherenkov, Ilya Frank y Igor Tamm, Lev Landau, Nikolay Basov y Aleksandr Prokhorov, y Pyotr Kapitsa). Pero el monopolio de la "ciencia sombría" logró suprimir el libre desarrollo de la ciencia en muchos otros campos de importancia vital.

En biología, los valores "socialistas" invadieron la investigación científica durante 30 años de "lysenkismo", una tentativa fantasiosa por adaptar las premisas lamarkistas a los intereses de la agronomía socialista. A pesar de que la teoría sintética de la evolución se había establecido como un sólido paradigma alternativo al lamarckismo, abrazado inicialmente por el mismo Darwin, la "ciencia sombría" combatió con dureza cualquier desviación del dogma oficial. Muchos biólogos resistentes fueron ejecutados o enviados a campos de trabajo, y la genética auténticamente científica era generalmente conocida como "la puta del capitalismo" (продажная девка капитализма) y fue degradada como "pseudociencia burguesa".

Otras áreas declaradas "pseudociencias burguesas" fueron la cibernética, la semiótica o la lingüística estructural, por no mencionar la paralización de la filosofía en el marco de la neoescolástica del diamat, o los fallidos intentos de formar una "química orgánica" compatible con los principios lysenkistas.

El delirio bolchevique-socialista llegó tan lejos como para que Stalin concibiera la idea de ciertos "superguerreros" híbridos de monos y humanos. 

Bajo el imperio de semejante monopolio, no es de extrañar que ni la ciencia teórica ni la tecnología aplicada soviética estuviera en reales condiciones de competir con la ciencia-tecnología de las naciones liberales o capitalistas. Como ya se apuntó, no es una mera anécdota que la revolución microelectrónica tuviera lugar en California, y no en Moscú o Norilsk, o que la misma bomba atómica no consiguiera desarrollarse en Rusia, sino en el laboratorio nacional de los Álamos. Incluso cuando se trataba de ordenar y planificar, los gestores capitalistas resultaron ser mucho más hábiles que los soviéticos.

 

P.S. En otro momento trataremos, si es posible, el modo completamente desenfocado con el que el fervoroso anticiencista Moa trata hoy las ideas de Steven Pinker, y elude enfrentar otras cuestiones planteadas.